viernes

"Iniciativas solidarias en tiempos del coronavirus", en Ágora Alcorcón

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5 de junio de 2020
 
Pancarta pro Sanidad Pública


Noel F.La solidaridad se ha sentido en las calles de Alcorcón desde el inicio de la pandemia. El coronavirus, a pesar de lo que dijeran en la tele, sí entiende de clases sociales. Las diferentes condiciones materiales y económicas provocan que la pandemia afecte y sea vivida de diferentes formas. Muchas vecinas y vecinos de Alcorcón han sido conscientes de ello y no han dudado en poner en marcha iniciativas para apoyar a los más desfavorecidos. 

Este medio ha querido entrevistar a varias personas que pusieron en marcha una de estas iniciativas. Este proyecto ha ido creciendo a lo largo de la pandemia y aglutina ahora a muchas personas con el único objetivo de ayudarse en los tiempos que corren.


¿Quién o quiénes estáis detrás de la creación del grupo?


Es sin lugar a duda una colaboración colectiva. La iniciativa surgió a través de un grupo de WhatsApp de dos personas que nos encontramos en la misma casa. A medida que pasaban los días veíamos cómo iba creciendo el número de personas en el grupo, y en poco tiempo rozábamos las 100 personas, algo inesperado. 


Pasamos la información al grupo barrial de Tiene Sal (una especie de asociación vecinal virtual), a otros colectivos, como pueden ser el Ateneo Popular de Alcorcón o la Red de Solidaridad Popular, y a todos nuestros contactos. También pusimos carteles físicos en los portales que podíamos, y mucha gente que iba entrando en el grupo hizo lo mismo. En poco tiempo la participación sobrepasó lo esperado. Por ello, podemos decir que todo es fruto de iniciativa colectiva y las redes de entidades vecinales ya existentes. En este sentido, hay que destacar la importancia de estas redes vecinales asentadas en nuestro barrio para este tipo de iniciativas. 


¿Cómo se os ocurrió y cuál era su objetivo inicial?


¡No fue idea nuestra realmente, ni mucho menos! Vimos en las redes sociales que en otros barrios se habían formado grupos solidarios y pensamos que podría haber mucha gente interesada en una iniciativa parecida en Alcorcón. La verdad es que al principio no teníamos claro qué función podría tener o cómo sería su desarrollo. Lo lanzamos como algo abierto y con el tiempo se han ido definiendo y consolidando los cimientos del grupo entre el conjunto de personas que formamos parte de él.


¿Esperabais que hubiera tanta gente en él?


No sabíamos qué pensar realmente, pero no, tanta gente no, en ningún momento. Ha sido una sorpresa muy grata la verdad y una suerte poder compartir un espacio así con tanta gente con la única voluntad de ayudar a otras personas. En estos tiempos tan duros, ha sido como encontrar un rayo de luz en medio de la tormenta, muy inspirador. Muestra que, a pesar de las barbaridades que ocurren, hay mucha buena gente cuyos instintos básicos son solidarios. 


¿Cómo está funcionando?


El grupo de WhatsApp sigue siendo la herramienta que más usamos, la mayor parte del trabajo a nivel organizativo y de gestión pasa por esta plataforma.  Hay que reconocer que al principio fue complicado: con tantas personas que no nos conocíamos de nada, añadido a que el único espacio del que disponíamos para organizarnos era aquel grupo de WhatsApp.

Además, tampoco teníamos un siguiente paso pensado de antemano y mucho menos una meta concreta. No sabíamos ni en qué íbamos a poder ser útiles, ni como lo haríamos. Al principio fue un poco caótico. Realmente un reto difícil, ya que no disponemos de referencias o experiencias anteriores, que se parezcan a esta situación tan particular, ni de cómo crear y organizar una respuesta desde las bases solo a través de un medio virtual.  Ver lo que hemos conseguido construir en tan poco tiempo es testimonio de la capacidad colaborativa y organizativa de la gente. 


Ha sido difícil, pero al final lo habéis conseguido ¿Cuéntanos un poco cómo os organizáis?


Sí, es cierto. En unos cuantos días conseguimos llegar a establecer un modo de funcionar colectivamente. Dividimos la ciudad en zonas y cada persona se apuntaba a una, especificando qué servicios quiere ofrecer: hacer compras, sacar mascotas, compañía virtual, ayuda con deberes de jóvenes, etc. Poco a poco nos fueron llegando solicitudes de ayuda y mandábamos a las personas más cercanas para cubrirlas.


Por ejemplo, tres centros de salud nos mandaban todos los días recados para pacientes que no pueden salir de casa.  También muchas otras personas se ponen en contacto con nosotros (a raíz de vernos en redes sociales, páginas webs, carteles físicos en portales, centros médicos o farmacias, etc.), para pedirnos ayuda de distinta índole: los listados de establecimientos que hacen repartos a domicilio, información y consejos de abogados sobre todos los cambios legislativos y derechos a los que se pueden acceder dependiendo de cómo te haya afectado a nivel económico el COVID-19 o cómo tramitar los papeles. También ponemos en contacto a otros colectivos o individuos que tienen algo que ofrecer en forma de ayuda, pero no entra dentro de lo que hacemos en el grupo hasta ahora: por ejemplo, entre personas que están haciendo mascarillas tanto con impresoras 3D como con otros materiales.


Es un verdadero placer ser puente entre distintas personas impulsando tantas iniciativas en distintos ámbitos, haciendo evidente la existencia de una gran solidaridad latente en nuestra sociedad y permitiéndonos ser testigo de cómo florece. 


De hecho, han surgido diferentes iniciativas en Alcorcón como bancos de alimentos, que vosotras mismas habéis apoyado y difundido.


Sí, efectivamente. Muchas de las personas que contactaron con nosotras era para pedir ayuda de una necesidad tan básica como la alimentación. Surgieron varias iniciativas como la promovida por el colectivo Barrio por Barrio o la Despensa Solidaria de Alcorcón, que todas las semanas recoge y reparte alimentos en el Ateneo Popular de Alcorcón.


Por desgracia, es una necesidad básica, que a muchas familias cuesta gran esfuerzo satisfacer, y que este contexto de pandemia ha agravado. En este sentido, es interesante señalar que en Alcorcón ya existían iniciativas de este tipo (como la Red de Solidaridad Popular) que nació para paliar los efectos de la crisis del 2008 y que aún sigue trabajando muy duro. Nos enfrentamos a una nueva crisis y por eso es tan importante todas las manos y una fuerte conciencia solidaria.


¿Alguna anécdota reseñable?


Todo el trabajo y toda y cada una de las asistencias que venimos abarcando hasta el día de hoy son reseñables. Por mencionar una entre tantas, no sé, la donación por parte de los trabajadores del metro de tres tablets a una residencia para que las personas que no disponen de medios propios pudieran hacer videollamadas con sus seres queridos.

Sin embargo, como decía, creo que lo reseñable es la importancia de ser conscientes y estar convencidos de que las personas sí somos solidarias, sí estamos unidas, sí nos afecta, nos incumbe, y nos importa lo que puede estar sucediéndole a otras, los conozcamos o no, y que sí podemos organizarnos para fomentar y finalmente asegurar el bienestar colectivo. 


Entonces, ¿crees que sería importante que esto pudiera continuar más allá del final del estado de alarma?


La continuación desde luego sería un gran logro. Por un lado, porque después del periodo de alarma, pensamos que tardará mucho tiempo en recuperarse la vida normal. Pero más allá de la crisis de COVID-19, pensamos que la autoorganización vecinal tiene un valor enorme. La debilitación gradual de las asociaciones vecinales en los últimos años nos parece que perjudica a la población en general y sobre todo a los barrios populares y ciudades como Alcorcón de la periferia. Para garantizar buenos servicios y recursos en general tener un tejido social fuerte es fundamental. Si de todo esto que está siendo tan duro, saliera cierto repunte de ese tipo de movimiento creemos que sería muy positivo.

martes

La Comunidad de Madrid elimina más de 14.000 plazas en la escuela pública el curso que viene, según CCOO, Sofia Pérez Mendoza, eldiario.es

La Comunidad de Madrid elimina más de 14.000 plazas en la escuela pública el curso que viene, según CCOO 

 

Un informe del sindicato concluye que las supresiones afectan al 25% de los centros educativos analizados en un curso que exigirá menos alumnos por aula 

Madrid mantiene el cierre de las clases con menos alumnos pese a que la epidemia obligará el próximo curso a desdoblar aulas

 

 

Isabel Díaz Ayuso en un colegio. / Comunidad de Madrid
Isabel Díaz Ayuso en un colegio. / Comunidad de Madrid
El Gobierno de Isabel Díaz Ayuso eliminará 14.121 plazas en la escuela pública el curso que viene. 466 aulas de todos los niveles educativos, según un informe de Comisiones Obreras, que ha analizado la situación de 1.096 centros tras la publicación de las plazas disponibles a partir de septiembre. El recorte afecta a 270 de los colegios (158) e institutos (107) estudiados, lo que supone un 25% del total de centros de la Comunidad de Madrid. 
La Consejería de Educación ha organizado el curso escolar 2020-2021 como estaba planificado antes de la epidemia, pese a que la exigencia de distanciamiento va a obligar a reducir las ratios. Por ejemplo, las instrucciones de la propia Consejería para la vuelta de los niños y niñas de 0 a 3 años contemplan la mitad solo de alumnos por aula. 
La supresión de plazas públicas de algunos colegios es una situación que se repite curso tras curso. La Consejería justifica que son ajustes debidos a la oferta y la demanda y que se eliminan en unos sitios y se crean en otros. En esta ocasión, la cartera dirigida por Enrique Ossorio asegura en una nota que los datos aportados por el sindicato son "erróneos" y afirma que habrá más aulas en todas los niveles, pero no aporta datos de cuántas unidades nuevas se abrirán el curso que viene. La Consejería aduce, además, a que en el curso pasado terminaron creándose 17.000 plazas más. Comisiones Obreras considera, sin embargo, que se trata de "recortes" y denuncia que la Comunidad de Madrid ha organizado "el proceso de escolarización al margen de lo que indica la autoridad sanitaria". 
"No se fundamenta en ningún caso. Primero porque las ratios ya son muy altas y hay zonas con mucha demanda de escolarización. Y segundo porque estos recortes impiden abordar la necesidad de bajar el número de alumnos por clase en plena pandemia", explica la secretaria de Educación de CCOO en Madrid, Isabel Galvín, que ve en la Comunidad de Madrid una intención de "derivar de la pública a la concertada". 
Las clases de tres años, la puerta de entrada al sistema educativo, son las más afectadas. Desaparecen 166 respecto a este curso, lo que supone 4.175 plazas menos en Infantil. Le siguen 3.395 puestos escolares menos en Bachillerato, 2.765 en Secundaria y 675 en Primaria. A estas plazas hay que sumarle otras 3.111 más que el sindicato no ha podido concretar en qué nivel están. La zona sur es la más afectada. Caen 148 aulas en 85 centros. En el área de Capital desaparecen 139 unidades en 34 colegios. 
Galvín ha puesto el ejemplo de Rivas, donde se ha eliminado un aula en un colegio público pero se ha creado en otro a 3 kilómetros. "Una oferta no compensa a la otra. Es el modelo regional. Se crea una unidad en una zona pero no solventa los problemas de escolarización del mismo municipio", ha argumentado. 


Listado de centros afectados

DAT CAPITAL: 62 centros
Arganzuela 
CEIP Plácido Domingo (1)
IES Antonio Fraguas Forges (3)
Barajas
IES Alameda de Osuna (3,5)
Carabanchel
CEIP Capitán Cortés (1)
CEIP República de Ecuador (1)
IES Calderón de la Barca (7)
IES Emilio Castelar (2,5)
Centro
CEIP Antonio Moreno Rosales (7)
IES Cervantes (1)
IES San Mateo (4)
IES Santa Teresa de Jesús (2)
IES San Isidro (3)
Chamberí 
IES Joaquín Turina (1)
IES San Isidoro de Sevilla (1)
Ciudad Lineal
CEIP Conde de Romanones (1)
CEIP Miguel Blasco Vilatela (1)
IES San Juan Bautista (1)
IES Francisco de Vitoria (1)
IES Miguel Delibes (2)
Fuencarral
CEIP Luis de Góngora (1)
CEIP Leopoldo Calvo Sotelo (1)
IES Mirasierra (1)
IES Cardenal Herrera Oria (1)
IES Dámaso Alonso (1)
IES San Fernando (2,5)
Hortaleza
IES Arturo Soria (1)
IES Conde Orgaz (4)
La Latina 
CEIP Costa Rica (1)
IES María de Molina (19)
IES Mariano José de Larra (3)
IES Parque Aluche (2)
Moratalaz 
CEIP Conde Arruga (1)
IES Felipe II (1)
Puente de Vallecas
CEIP Concha Espina (1)
CEIP Doctor Espinosa Latour (1)
CEIP Agustina Díez (1)
CEIP Tirso de Molina (0,5)
San Blas 
CEIP El Sol (1)
CEIP La Alameda (1)
CEIP María Moliner (1)
CEIP Mariano José de Larra (1)
CEIP Marqués de Suances (1)
CEIP República de Chile (1)
IES Barrio Simancas (2)
IES Francisco de Quevedo (3,5)
IES Gómez Moreno (1)
IES Las Musas (1)
Tetuán 
IES Jaime Vera (4)
IES Nuestra Señora de la Almudena (4)
Usera 
CEIP Jorge Manrique (1)
CEIP Meseta de Orcasitas (1)
CEIP Puerto Rico (1)
CEIP República de Venezuela (2)
IES Ciudad de Jaén (15)
IES Pedro Salinas (2)
IES Pradolongo (1)
Vicálvaro 
CEIP Carmen Laforet (3)
IES Valdebernardo (2)
Villaverde 
CEIP Antonio de Nebrija (1)
IES Celestino Mutis (1)
IES El Espinillo (0,5)
DAT SUR: 270 centros
DAT ESTE: 61 centros
DAT OESTE: 34 centros
DAT NORTE: 22 centros
Aquí se puede consultar en detalle el nombre de todos los colegios e institutos. 

 

jueves

"¿Quién manda en la privatizada sanidad madrileña?, por Gorka Castillo y Miguel Mora

Reportaje

¿Quién manda en la privatizada sanidad madrileña?

Díaz Ayuso protege a las empresas que hacen negocio con la salud desde que Aguirre desmanteló la pública. Florentino Pérez, el grupo alemán Fresenius y el holandés DIF son los grandes beneficiarios de esa política

Gorka Castillo / Miguel Mora Madrid , 10/05/2020

<p>Isabel Díaz Ayuso y Esperanza Aguirre, por Luis Grañena. </p>
Isabel Díaz Ayuso y Esperanza Aguirre, por Luis Grañena.



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Ahora que los contagios de covid-19 empiezan a remitir, el sistema sanitario contiene el aliento mientras empiezan a flotar los primeros pecios del naufragio. El más palmario es la ingente cantidad de dinero público que la administración madrileña ha desviado desde los primeros gobiernos de Esperanza Aguirre a empresas privadas y UTEs para explotar el inagotable filón de la Sanidad. Se trata de un sector inmune a las punzadas de las crisis: tiene asegurada la clientela, los enfermos; vive de la financiación autonómica, se beneficia de las listas de espera en una sanidad pública desmantelada, y está en constante revalorización gracias a su componente especulativo y a los recortes de material y de las condiciones laborales. La rentabilidad siempre está garantizada para unas corporaciones que pueden optar por un menú a la carta: construir hospitales, gestionar hospitales o solo servicios exteriores, y vender o revender activos, a menudo sin pagar impuestos en España. 

Aunque la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, exhibe a los cuatro vientos las donaciones altruistas y las respuestas ultrarrápidas a la emergencia y el compromiso social de algunas de estas empresas, para expertos como Marciano Sánchez Bayle, pediatra durante 46 años y portavoz de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, el deterioro que ha sufrido el sistema público de salud con las privatizaciones es incuestionable: “Madrid es la única comunidad del mundo que después de abrir once hospitales tiene menos camas disponibles por habitante que antes de su inauguración. Ayuso lo sabe y la prueba es que, en el momento álgido de la epidemia, el ejército tuvo que abrir una instalación muy precaria, sin UCIs, en una feria de exposiciones”.
Desde la puesta en funcionamiento de la privatización sanitaria en 2001 se han perdido más de 3.000 camas
Los datos son irrebatibles. Madrid es la comunidad peor preparada de España para enfrentarse a una crisis sanitaria. Por número de camas totales –2,7 por cada mil habitantes frente las 3,7 que tiene Aragón o las 5 que presenta la media europea– y por el número de personal sanitario, 3.000 trabajadores menos desde 2010. Destaca la reducción de camas registrada por los hospitales públicos desde la puesta en funcionamiento de la privatización sanitaria en 2001: más de 3.000, pese al aumento demográfico experimentado con la inmigración.




martes

"La muerte de Billy el Niño y un Estado que protege a criminales franquistas", por Jacinto Lara


Reparación y justicia

La muerte de Billy el Niño y un Estado que protege a criminales franquistas

La defunción de Antonio González Pacheco extingue su responsabilidad criminal, la de un canalla, pero no así la de otros miembros de la Brigada Político-Social que también torturaron
Jacinto Lara Bonilla 8/05/2020

<p>Antonio González Pacheco, saliendo de la Audiencia Nacional.</p>
Antonio González Pacheco, saliendo de la Audiencia Nacional.
La sexta


Este jueves 7 de mayo tuvimos conocimiento del fallecimiento de Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño.

Antonio González Pacheco formó parte de la temida Brigada Político-Social, la policía política franquista, que actuaba en todo el territorio del Estado reprimiendo dura y brutalmente cualquier atisbo de oposición al régimen dictatorial. 


Fueron miles de personas las que, tras ser detenidas, pasaron por las dependencias siniestras de la Brigada Político-Social y sometidas a salvajes torturas. Y esas torturas, en las que tan activamente participó González Pacheco, no eran casos aislados. Eran una práctica sistemática a la que se sometía a la inmensa mayoría de detenidos. Es importante destacar este aspecto, porque el empleo de torturas de forma sistemática o generalizada contra la población civil es lo que confiere un plus de gravedad al propio delito y por ello puede y debe ser tipificado como crimen internacional, como crimen contra la humanidad.
Fueron miles de personas las que, tras ser detenidas, pasaron por las dependencias siniestras de la Brigada Político-Social y sometidas a salvajes torturas. No eran casos aislados
Al calificarse el delito como crimen contra la humanidad, este no prescribe ni puede ser objeto de amnistía alguna, conforme a la normativa internacional tanto de carácter convencional como consuetudinaria. El Estado español está obligado a respetar y aplicar esa normativa al haber suscrito y ratificado multitud de convenios y tratados internacionales en la materia. Estos forman parte de nuestro ordenamiento jurídico interno conforme a lo dispuesto, entre otras disposiciones, en los artículos 96 y 10.2 de la Constitución española. Así se le ha venido exigiendo reiteradamente desde el Consejo de Europa y desde el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, entre otras instancias internacionales.


Y a pesar de ello, ¿por qué el Estado español se niega a investigar y enjuiciar los crímenes internacionales que  se cometieron durante la dictadura franquista? La respuesta es sencilla: por razones estrictamente políticas, que no jurídicas. Esto es, nos encontramos ante un Estado democrático y de derecho que no aplica el ordenamiento jurídico que está obligado a aplicar, manteniendo así políticas de impunidad que afectan a la sociedad en su conjunto y cuyos resultados se extienden hasta el día de hoy.


En marzo de 2018 el Congreso de los Diputados, gracias los votos de los grupos parlamentarios de PSOE, Ciudadanos y Partido Popular, rechazó, una vez más, modificar la Ley de Amnistía –ni siquiera se planteó su derogación–. Dicha modificación tenía por objeto introducir una  disposición que estableciera de forma clara y rotunda que dicho texto legal no podía impedir la investigación y el enjuiciamiento de las graves violaciones de derechos humanos que se cometieron durante la dictadura franquista.





En el caso de Antonio González Pacheco, como era habitual, fue condecorado y premiado por el Estado español durante la dictadura, la transición política y durante la democracia. Se le promocionó, premió y protegió.


Pero Antonio González Pacheco estaba imputado en la denominada querella argentina por delitos de torturas en un contexto de crímenes contra la humanidad.

Las autoridades judiciales argentinas pidieron su extradición y la Audiencia Nacional española rechazó en 2014 dicho pedido al considerar que los delitos de torturas que se le imputaban habían prescrito. Conviene recordar que la Fiscalía, que también se opuso a la extradición de  Antonio González Pacheco, poco menos que de forma balbuceante sugirió que debía ser juzgado por los tribunales españoles en aquella vista extradicional en la que se prohibió grabar imagen alguna de Billy el Niño. También se le protegía hasta ese extremo.


Hasta la fecha y desde junio de 2017, se han presentado  en los tribunales españoles dieciocho querellas criminales por torturas en un contexto de crímenes contra la humanidad contra Antonio González Pacheco y otros miembros de la Brigada Política Social. La totalidad de las querellas han sido rechazadas, han sido archivadas por los juzgados de instrucción. En dichas causas la Fiscalía se ha opuesto a que dichas querellas  fueran admitidas a trámite, a que se investigaran los delitos. Contra dichas  resoluciones judiciales se han interpuesto los correspondientes recursos al objeto de agotar la vía judicial interna y que los querellantes puedan acudir a instancias  internacionales denunciando, una vez más, la actuación tan sumamente vergonzosa que el Estado español mantiene en relación con esta cuestión. 


La muerte de Antonio González Pacheco pone de manifiesto, aún más si cabe, que las políticas de Estado articuladas para garantizar la impunidad de los criminales, de los victimarios, pueden resultar efectivas cuando además se conjugan con el elemento temporal. 

Pero que no se confíen. El movimiento social que reclama justicia en este ámbito es más potente y  activo cada día que pasa, y seguirá demandando con fuerza que el Estado deje de amparar y proteger a criminales franquistas. Una vez más, por lo dicho anteriormente, nos encontramos con una realidad judicial y política que no está siquiera mínimamente en consonancia con una realidad social cada día más extendida.


La muerte de Antonio González Pacheco extingue su responsabilidad criminal, la responsabilidad criminal de un canalla, pero no así la de otros miembros de la Brigada Político-Social que también participaron en los crímenes de tortura denunciados. Así que seguimos, continuamos y no vamos a parar hasta que obtengamos, aún de forma extemporánea, una respuesta adecuada a los reclamos de justicia.
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Jacinto Lara Bonilla es abogado de la Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina (CeAQUA).

 

"Sociología (breve) del estado de alarma", por Emmanuel Rodríguez



Covid y clase media

Sociología (breve) del estado de alarma

En la sociedad española hay un grupo especial que impone algo así como un miedo ‘dominante’, un miedo más legítimo que los otros, el miedo de los ‘instalados’, un colectivo que ha disfrutado de una biografía ‘más próspera’
Emmanuel Rodríguez 8/05/2020

<p>Control policial durante el confinamiento.</p>
Control policial durante el confinamiento.



Toda sociología de la crisis es una sociología del miedo: concretamente de aquellos con capacidad de imponer sus miedos sobre los del resto de la sociedad. El miedo es un afecto particular, explosivo. Su traducción política va desde las proyecciones fantasmáticas sobre el chivo expiatorio que refuerzan la autoridad en la comunidad, hasta la potencia que supera el temor a través de un proyecto colectivo y, con este, de un análisis más o menos racional. 


En el caso español, aún hoy en día, cuando se discute teatralmente sobre la necesidad del estado de alarma, cabe hacer algunas consideraciones sobre miedo y confinamiento. Para ello conviene recordar en qué estábamos hace tan solo ocho semanas. Ha existido (y existe) un miedo evidente a la enfermedad, a figurar entre los tocados y quizás entre los muertos. Pero ese miedo es diferencial: puede ser sobre uno mismo, pueden preocuparnos solo los mayores cercanos, o incluso podemos sentir algo de la fragilidad de esa humanidad que deambula de una crisis a otra. También el miedo es diferente cuando quien lo experimenta es al repartidor que apura estos días para mantener su empleo o el anciano de una residencia consciente de lo que significa la enfermedad para las personas de su edad y alojadas en un lugar como ese.
Con el confinamiento más duro de Europa occidental, la sociedad española ha sido unánime respecto a la necesidad del encierro. Ninguna discusión, ninguna salida de tono 
Por decirlo brevemente, en la sociedad española, en la sociedad europea, hay un grupo especial que impone algo así como un miedo “dominante”, un miedo más legítimo que los otros. Su legitimidad, no se debe tanto a que sea un sector de riesgo de la enfermedad (aunque por edad pueda serlo), cuanto a que es seguramente el colectivo con mayor poder dentro esa sociedad. Si se permite la generalización, la primera definición de ese segmento es generacional y se refiere, en España, a los “instalados”, un segmento social de edad imprecisa pero bien reconocible en todas partes. 


La importancia de ese grupo social apenas se puede esconder. Ningún otro colectivo ha disfrutado de una biografía “más próspera”, en la que las expectativas y las oportunidades hayan ido tan bien de la mano. Los miembros de este grupo viven mejor que sus padres y han vivido mejor que sus nietos. Entraron en el mercado laboral en plena expansión del empleo profesional y del empleo público, tras la primera gran ola “democratizadora” de la educación superior. Ocuparon posiciones de “responsabilidad” temprano. Profesores, médicos, periodistas, abogados que con poco más de treinta años, alcanzaron lo que a día de hoy no se obtiene (si se obtiene) a los cincuenta: ser altos funcionarios, directores de periódicos y, hasta hace nada, políticos profesionales.

Se habla aquí, obvio, solo de un segmento social, no de una generación propiamente dicha. La generación “instalada” se refiere solo a las llamadas “clases medias”, a los verdaderamente posicionados. Entre los “instalados” la norma fue el empleo garantizado y con derechos. Cabe decir que a los instalados apenas les importó que se perdieran derechos sociales y laborales, siempre que no fueran los suyos y siempre que los que se perdieran fueran los de quienes venían detrás. Los “instalados” se han jubilado también antes que sus padres, y desde luego antes de lo que lo harán sus hijos. Sus pensiones no son las del mileurista. 

Accedieron a la propiedad inmobiliaria temprano y jugaron con ella en los dos grandes ciclos de crecimiento (siempre por la vía del ladrillo) de la democracia española: de 1985 hasta los fastos del 92, y de 1995 hasta la gran depresión de 2007. Todavía, este grupo social compone el pilar de la sociedad española: sostienen en parte a sus vástagos, mantienen importantes posiciones patrimoniales (no hay rango de edad con mayor número de rentistas que aquellos entre 60 y 75 años) y, sin duda, han sido hasta hace poco (seguramente hasta 2011), el centro de la política española, de la opinión pública y de todos los sistemas de poder y representación.



Para esa generación de clase media, que es la generación del progreso, la covid ha sido algo más que un mazazo. Sin experiencia de la guerra civil, con el único “trauma” de la salida del franquismo a la democracia (por otra parte feliz) el coronavirus tiene la forma de una amenaza real y mortífera. Es la prueba de su fragilidad, no solo biológica, sino también social: la señal de que un mundo (su mundo) ha tocado a su fin, aun cuando este llevara décadas desmoronándose y aunque en términos generales esta generación apenas se diera cuenta. 

Si se aceptan estas premisas, se puede aventurar una hipótesis: el miedo (o mejor sus miedos, pues son varios y contradictorios) ha sido el gran elemento de la gestión de esta crisis. En el miedo de la generación alfa de la sociedad española están contenidas muchas de las singularidades de la gestión sanitaria española. La primera: el consenso. Con el confinamiento más duro de Europa occidental, la sociedad española ha sido unánime respecto a la necesidad del encierro. Ninguna discusión, ninguna salida de tono a este respecto, al menos durante las primeras seis semanas. 


Un apunte en este sentido. En la primera gestión de la crisis sanitaria, el gobierno tuvo un protagonismo nulo, prácticamente marginal. Fue un estado de opinión creciente, una ola en ascenso, lo que exigió e impuso el encierro. Lo exigió como ley marcial, con independencia de su utilidad real, con independencia de sus consecuencias económicas, que no serán pocas. Lo exigió sobre un criterio de eficacia probado en China, sin posibilidad de revisión o discusión posible. Y lo aplicó como se aplican esos consensos sociales generalizados: por medio de los policías de balcón, de los aplausos a la violencias policiales, de la anulación de toda discusión, de la aquiescencia al casi millón de multas ya emitidas. Si el gobierno en sus primeros momentos actuó por medio de la autoridad médica y la autoridad policial es porque sabía de su debilidad y porque entendió que esta era la única autoridad legítima, la única que se quería reconocer. De acuerdo con los guardianes del capitalismo de vigilancia, Google y Apple, a partir del big data de nuestros dispositivos móviles, la sociedad española ha figurado entre las más cumplidoras de su confinamiento.

Otro apunte sobre los rasgos característicos del confinamiento español, y que muestra también las escalas y las jerarquías del miedo. El encierro español ha sido el más severo de Europa, pero con particularidades: niños no, perros sí; farmacias y bancos sí, paseos no. Se podrá decir que la situación lo exigía, que la epidemia ha golpeado aquí más que en cualquier otro sitio, y que debía primar la prudencia, pero sin duda lo que ha primado ha sido la ley de una población envejecida y temerosa. Apenas se puede discutir acerca de la necesidad del distanciamiento social en una situación como esta, pero ni mucho menos el “distanciamiento social” es sinónimo de confinamiento y, obviamente, sinónimo del confinamiento español. 

Otra singularidad española, también europea: la centralidad del gobierno, la vuelta al Estado protector, la vieja ficción recurrente. Pocas veces se ha deseado creer en el menos evidente de los axiomas ideológicos del Estado que la “función del gobierno es la proteger a su población”, sobre todo y especialmente de aquel segmento de población legítimo: la clase media, la generación de los instalados. También pocas veces se ha discutido con tanto ardor sobre si el gobierno ha fallado en sus labores de protección, si incluso se ha convertido en un “gobierno criminal”. Conviene recordar, como siempre, que basta un vistazo a las vallas de Ceuta y Melilla para reconocer la naturaleza criminal del Estado. En cualquier caso, el gobierno ha sido convertido en el responsable absoluto: objeto de ataque o defensa, según la lógica simplista de izquierda y derecha.  

Otra elemento pertinente. Frente a la pandemia no había nada preparado y, dadas la reacciones en los sistemas sanitarios autonómicos, no lo habría habido fuera cual fuera el color del gobierno. 

Quienes han salvado la situación no ha sido ni el gobierno central ni los gobiernos autonómicos: han sido una multitud de trabajadores del sector sanitario y de cuidados, la mayoría mal pagados y precarizados, que han tratado de salvar la crisis sanitaria como han podido, y que lo han hecho por vocación o por servicio público. Seamos claros: estos trabajadores han actuado a pesar del gobierno, pero también a pesar de esa misma sociedad (hecha sinónimo del sector instalado) que lleva ciega a su situación desde hace décadas; y que considerando su capacidad de análisis lo seguirá siendo... allá se hunda el servicio público de salud. 

El gobierno ha sido convertido en el responsable absoluto: objeto de ataque o defensa, según la lógica simplista de izquierda y derecha
El miedo es un elemento de bloqueo de cualquier pregunta con un mínimo de sentido. Aquí van algunas: ¿por qué en toda Europa, y concretamente en España, no había previsión alguna respecto de esta pandemia o frente a la posibilidad repetidamente anunciada de otra pandemia: por qué se actuó unánimemente como si el virus fuera “chino”, qué clase de recuerdo imperial hace que estas sociedades no consigan toparse con su realidad de región de segunda en este mundo globalizado? ¿Por qué, no sólo en España sino en casi todos los países europeos, las residencias de ancianos (que no son las de la generación instalada, sino las de sus inmediatos mayores) convertidas en negocio privado, subcontratadas a media docena de fondos de inversión, que apenas gastan en mantenimiento y desde luego no en cuidadores y enfermeras, se han convertido en ratoneras, en verdaderas morgues de aquellos más débiles, no solo por edad, sino por razones económicas? ¿Por qué un sistema sanitario que presumía de estar entre los cinco primeros del mundo ha caído como un castillo de naipes; por qué además el desastre es mayor en Cataluña y Madrid, los dos regiones en las que la sanidad opera como un  “mercado sanitario”, en beneficio de empresas privadas que gestionan buena parte del sistema público, y en las que obviamente han faltado camas, UCIs, personal? ¿Por qué Europa ha carecido de todo, suministros, EPIs, reactivos, etc., teniéndolas que importar masivamente justamente de aquel lugar objeto de la ira: China? ¿Cómo es que Madrid, Nueva York, Milán, París, Londres, Bruselas, Barcelona han sido las ciudades más golpeadas del mundo: quizás tenga algo que ver con que todas ellas sean destinos de primer orden, dispongan de grandes aeropuertos y tengan una creciente vocación turística? ¿Qué tipo de crisis ha destapado la covid: es esta la del desgaste de los sistema públicos, de unas sociedades endeudadas y proletarizadas, que escapan cada vez más al registro de esas clases medias garantizadas? 

¿Qué será de la Unión Europea, el único ámbito de gobierno económico real, y de su reparto de la deuda y el gasto público entre los países del norte y del sur: cómo van a transmitir las facturas de la crisis a la poblaciones y de qué modo van a saltar los malos parches de este “gobierno de progreso”? ¿Ha sido realmente eficaz el confinamiento total; cabían otras formas menos severas de distanciamiento social y con consecuencias económicas algo menores? ¿Cuántos nuevos Sars-Cov-2 nos esperan, considerando las tres docenas de zoonosis conocidas en las últimas tres décadas, por solo citar algunas: Nipah, Ébola Reston, hepatitis E, fiebre Q y toda la amenazante variedad de virus de la gripe que baila entre los humanos y el ganado que engorda en la masiva industria cárnica: H1N1 (gripe aviar), H1N2v, H3N2v, H5N1, H5N2, H5Nx, H6N1, H7N1, H7N3, H7N7, H7N9...?

Sin duda la covid nos habla del fin de un mundo, de un mundo de certezas y seguridades. Nos devuelve, a pesar de las promesas de una vacuna temprana, al mismo lecho de la historia, donde las catástrofes se reparten “democráticamente” entre casi todas las generaciones. Pero el espejismo de que estas certezas se puedan reconstruir en una sociedad en la que se acumulan las crisis, es seguramente la peor de las aspiraciones políticas. El miedo, especialmente el miedo de los instalados que temen por primera vez, no debería gobernarnos. No debería hacerlo ni un minuto más.

Emmanuel Rodríguez

Emmanuel Rodríguez es historiador, sociólogo y ensayista. Es editor de Traficantes de Sueños y miembro de la Fundación de los Comunes. Su último libro es '¿Por qué fracasó la democracia en España? La Transición y el régimen de 1978'. Es firmante del primer manifiesto de La Bancada.
 

jueves

Relanzamiento del portal alcorconrepublicano.es

 
AlcorconRepublicano.es. Un medio digital que aspira a ser una herramienta de comunicación eficaz, veraz y dinámico, en el que se vean plasmados los intereses de la gente progresista y de izquierdas de nuestra ciudad, Alcorcón.

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viernes

Noam Chomsky: «Superaremos la crisis del coronavirus, pero tenemos crisis más serias por delante», Pressenza Athens

Noam Chomsky: «Superaremos la crisis del coronavirus, pero tenemos crisis más serias por delante»

miércoles

Contundente condena a la Comunidad de Madrid por su gestión de la crisis del coronavirus, elsaltodiario.com

Contundente condena a la Comunidad de Madrid por su gestión de la crisis del coronavirus

 Desde la opacidad al vaciamiento de la atención primaria. Profesionales de la sanidad madrileña explican las deficiencias cometidas por la Comunidad de Madrid en la gestión de la pandemia de covid19



Personal médico en dependencias de Ifema.
Ante la esperanza de estar observando una inflexión descendente de la curva de contagiados y fallecimientos por el coronavirus, recabamos la opinión de diversos profesionales directamente implicados acerca de las medidas aplicadas por la Comunidad de Madrid para frenar la pandemia. Algunos trabajan en centros de salud, otros en el Ifema. La reprobación es manifiesta.

IMPROVISACIÓN EN VEZ DE POTENCIAR RECURSOS PREEXISTENTES

Cada país ha dado una respuesta propia a la crisis del coronavirus, se supone que coherente con la particularidad de su estructura sanitaria y recursos disponibles. Los profesionales consultados por El Salto coinciden en que la atención primaria (AP) que se ofrece desde los centros de salud constituye el punto fuerte, la potencia del Servicio Madrileño de Salud (Sermas), y que esa singularidad habría aconsejado una estrategia que se apoyase en ella, y que a partir de ahí se estructurase el resto de vectores y recursos (hospitales, Samur, Summa, Protección Civil...) implicados en el combate contra el coronavirus. Así se podría haber trazado una estrategia de contención que moderase la afluencia masiva a los hospitales, combinada con la política de confinamiento social que ha permitido frenar bruscamente el índice de contagios. Así lo expresa el doctor Pablo Serrano, del centro de salud Rafael Alberti: “Se han importado métodos de países que no tienen en absoluto la potencia de la atención primaria que tenemos aquí y se ha optado por un megahospital, en modelo lazareto, como diríamos en España”.
Los facultativos consideran que la Comunidad de Madrid profundizó en la dirección de dar preeminencia a la red hospitalaria sobre la atención primaria. Y esto la habría llevado a improvisar una respuesta que, en vez de apoyarse en esta fortaleza, prefirió sustraerle recursos para ofrecer una alternativa —Ifema— hecha a toda prisa y carente de planificación, según se concluye de los testimonios recogidos.

HAY QUE EVITAR LOS HOSPITALES; EN LA CAM SE HIZO LO CONTRARIO

Los profesionales enfatizan que, dada una epidemia o pandemia, nociones epidemiológicas básicas aconsejan mantener a la población alejada de los centros hospitalarios. El principio se funda en que estos espacios cerrados —dada la alta concentración y circulación de infectados que se concentran en ellos— se convierten en fuente de expansión del contagio, lo que en la jerga médica se conoce como infección nosocomial o intrahospitalaria.
“En atención primaria conocemos a nuestros pacientes y en qué barrios y condiciones habitacionales viven, enseguida habríamos podido hacer una lista de a quién hay que internar, a quién tratar en casa o por teléfono”
En la Comunidad se habría hecho lo opuesto, dando preeminencia al hospitalocentrismo sobre la atención primaria impartida desde los centros de salud, promoviendo la concentración poblacional y de profesionales en los hospitales. De haber potenciado la atención primaria, consideran, se podría haber implementado una línea que se centrase en el triaje y la clasificación compleja de los pacientes y tomado decisiones rápidas y con muchos menos riesgos de contaminación. “En atención primaria conocemos a nuestros pacientes y en qué barrios y condiciones habitacionales viven, enseguida habríamos podido hacer una lista de a quién hay que internar, a quién tratar en casa o por teléfono”, explica la doctora Cristina Sanz Plaza, del centro de salud Vicente Soldevilla.

IFEMA, ESPECTACULARIZACIÓN VERSUS EFICIENCIA

Quizá intentando imitar la sorprendente epopeya de los chinos, que irguieron un hospital en diez días, nuestras autoridades sanitarias hicieron lo propio, solo que en clave autóctona. Según el personal sanitario consultado, habrían emprendido un montaje atropellado, sin recursos básicos que, por su precariedad, obligaría en pocos días a desmontar el pabellón 5.
“Se dicen sorprendidos por la desmesura de la propuesta de implantar 5.000 camas cuando una reflexión ponderada habría aconsejado un número mucho más modesto”
Un papel activo en este atrezzo “más propio de una escenografía de Disney World”, según lamenta una de las médicas consultadas, fue valorado por el doctor Bruce Ailward, de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los médicos asignados al Ifema se preguntan qué habría observado allí el enviado de la OMS, que elogió su instalación. Si es que se preocupó en ver algo más que la infraestructura. Afirman que ninguno de ellos fue testigo de que recorriera la instalación, ni hablase con los sanitarios para interesarse por la organización de las condiciones de atención y tratamiento a los pacientes.
 
A pesar de estas críticas, todos coinciden en la necesidad de montar, en el momento en que se planteó la “operación Ifema”, un soporte hospitalario adicional que desahogase la saturación de las urgencias. Su discrepancia se centra en la magnitud faraónica del emprendimiento y, mucho más aún, el precio que supuso haber sustraído ingentes recursos de la atención primaria. Se dicen sorprendidos por la desmesura de la propuesta de implantar 5.000 camas cuando, a su criterio, una reflexión ponderada habría aconsejado un número mucho más modesto. De hecho, en los momentos de mayor pico de demanda, anotan que en este espacio se han ocupado poco más de 1.000 plazas. “Es claro que habría hecho falta crear un soporte para descongestionar la saturación en los hospitales, pero esto fue absolutamente desmedido. Y, para ello, mover profesionales de la atención primaria, yo sigo sin entenderlo”, afirma el doctor Borja Apellaniz, del centro de salud Numancia.
Aseguran que ahora, cuando la curva —según se espera— comience a aplanarse, se hará evidente el sobredimensionamiento del megahospital. Ante ello, las altas autoridades sanitarias se estarían planteando otros usos para justificar mantenerlo operativo. Una posible salida sería conservarlo como un centro de atención específica a casos de coronavirus, con el argumento de restablecer el normal funcionamiento del resto de hospitales.

LOS RIESGOS PARA EL PACIENTE DERIVADOS DEL CAOS EN IFEMA

Un capítulo específico merece la desorganización del personal sanitario y recursos técnicos y farmacológicos destinados al Ifema, infraestructura que comenzó a funcionar el 23 de marzo. Los profesionales asignados a ese centro, han valorado su gestión con duros calificativos: “desastrosa”, “errática”, “improvisada”, “caótica” y otros por el estilo. En el momento actual, la situación sería más estable y con algunos recursos de los que antes se carecía, como es la posibilidad de realizar allí pruebas analíticas y otros exámenes, así como contar con una UCI con algunas camas operativas.
“Se habría llegado al extremo de no saber si a un enfermo se le había suministrado o no la medicación”

Vale la pena detenerse en ciertas consideraciones que nos hacen respecto de las dificultades operativas, así como de los potenciales riesgos que entrañan para el paciente una organización errática del personal sanitario. Una de ellas es que, cuando se desplaza a un profesional habituado a trabajar en un contexto específico —en atención primaria en este caso— para adscribirlo a un ámbito diferente —un hospital—, su eficiencia baja. En su espacio habitual el profesional se desenvuelve con solvencia y rapidez; en este nuevo ámbito, que le es completamente ajeno, será mucho menos resolutivo, no tendrá la habilidad propia de quien está en su entorno original.

Otro factor negativo sería el desconocimiento acerca de qué profesionales estaban trabajando en cada sitio, en cada momento y sobre qué paciente. Y eso entrañaría un grave riesgo porque, según nos explican, en la literatura científica quedan patentes las ventajas de tener al personal claramente asignado a pacientes definidos. Esa continuidad de cuidados reduciría notablemente los riesgos de daño por acción médica (iatrogenia). Y aclaran que no garantizar esto en el megahospital ha supuesto exponer a los pacientes a errores graves en los tratamientos. Se habría llegado al extremo de no saber si a un enfermo se le había suministrado o no la medicación.

NEGLIGENCIA EN LA REALIZACIÓN DE TEST AL PERSONAL SANITARIO

A los profesionales asignados al Ifema no se les han hecho test de rutina, circunstancia que, además de revelar una falta de consideración por su propia salud, los convierte en posibles portadores del virus. Aunque los sanitarios consultados resaltan que esto no es patrimonio exclusivo de ese hospital; de modo general, en el Sermas solo se realizan test a quienes manifiestan síntomas, con el agravante de que hoy se sabe que una buena parte de los contagios han sido a partir de personas asintomáticas. 

Algunos otros profesionales contactados —no adscritos al Ifema— no han podido dar su testimonio por estar de baja, aguardando resultados de sus pruebas. Es el caso del doctor Ignacio Revuelta, del centro de salud Rafael Alberti. “Es frustrante estar casi un mes de baja por un cuadro leve, por culpa de las dificultades y demoras para la realización del test”, expresa.

FALTA DE CLASIFICACIÓN DE LOS PACIENTES

La creación del Ifema se fundamentó en la necesidad de canalizar allí a pacientes sintomáticos que saturaban las salas de urgencias y otros espacios de la estructura hospitalaria. Sin embargo, según nos explican los facultativos, ni antes ni ahora está claramente definido si el paciente que ingresa está infectado por el coronavirus. Algunos sí tienen un diagnóstico claro, pero otros no tendrían el resultado del test validado y definitivo, con la dificultad añadida que desde el Ifema no se puede consultar ese resultado; solo estaría disponible para el médico de familia, o en el hospital que solicitó la prueba. Esto quiere decir, según concluyen estos profesionales sanitarios,  que estadísticamente es más que probable que parte de los pacientes que se están recibiendo en el Ifema no estén afectados por el coronavirus.
“Según el testimonio colectivo de los profesionales adscritos a este centro, es como si un estado de parálisis y de una constante improvisación hubiera tomado cuenta de sus responsables”
Preguntamos por los fundamentos de esta conducta difícil de calificar y nos explican que seguramente los hospitales los envían sin esperar el resultado de las pruebas, al ya no tener capacidad para absorber más pacientes. El Ifema contaría con espacio físico como para destinar ámbitos específicos para pacientes que den positivo, para aquellos que tengan el resultado pendiente y para aquellos a quienes aún no se les haya realizado el test. Pero nada de esto se hace. Según el testimonio colectivo de los profesionales adscritos a este centro, es como si un estado de parálisis y de una constante improvisación hubiera tomado cuenta de sus responsables.

FALTA DE TRANSPARENCIA INFORMATIVA DE LA CAM

En lo que respecta a la movilización de recursos de la sanidad privada en la lucha contra el coronavirus, los consultados son unánimes en afirmar que se está ante una absoluta falta de transparencia. No habría datos, ni fuentes confiables de donde obtenerlos. Hoy se desconocería cuántas camas privadas estarían ocupadas por pacientes de coronavirus y cuántos profesionales del sector estarían trabajando contra la pandemia.

“No hacen test en las residencias, así esos muertos no aparecen como víctimas del coronavirus. Esto es inaceptable, porque sí que lo son. Y el número de muertos es mucho mayor que el que se está dando”
Respecto del alarmante número de ancianos fallecidos en la CAM, nos aclaran que, dado que solo se contabiliza a los fallecidos a quienes se les han realizado test, el resultado objetivo redunda en un ocultamiento del número real de óbitos por coronavirus. Destacan la truculencia de la situación en las residencias, a las que la Comunidad no habría dotado de ningún medio para atajar la emergencia, ni siquiera de test al personal que trabaja en ellas. Esta, valoran, es una negligencia extremadamente grave, ya que se trata de espacios donde se aloja un colectivo hipervulnerable. En consecuencia, solo debería permitirse el ingreso de profesionales con garantías de no ser portadores del virus. Y así se explicaría el alarmante número de fallecimientos en las residencias que, aseguran, sería mucho mayor que el declarado por la CAM. “No hacen test en las residencias, así esos muertos no aparecen como víctimas del coronavirus. Esto es inaceptable, porque sí que lo son. Y el número de muertos es mucho mayor que el que se está dando”, expresa el doctor Alberto Cabañas, del centro de salud Numancia.

martes

Desde casas y balcones, ¡Viva la República Española!


EN LA BANDERA DE LA LIBERTAD, 
BORDÉ EL AMOR MÁS GRANDE DE MI VIDA

Federico García Lorca

                                                 ¡SALUD Y REPÚBLICA!








Y unas imágenes preciosas de la organización catalana En Comú Podem