Vacuna Covid-19. Foto. Dado Ruvic / Reuters.

Es el mercado amigo

Por @LauraYaTuSabex.
Médica convencida de que otro mundo es imprescindible

Leyendo el artículo de Contexto y Acción sobre la vacuna finlandesa para la COVID que podía haberse desarrollado hace nueve meses (1) y pensando el ahorro de muertes y sufrimiento que podía haber supuesto su desarrollo, producción y distribución masivos, una no puede más que escandalizarse, aunque en el fondo no es nada nuevo.

Cuentan que cuando John Le Carré escribió “El Jardinero Fiel” lo que buscaba era escribir sobre una industria sin escrúpulos que evidenciara la dureza del sistema, inicialmente pensó en la industria bélica; pero cuando descubrió la industria farmacéutica se dio cuenta de que había acertado de pleno, pocos temas evidencian de forma tan descarnada lo que es el sistema capitalista.

Ya en los primeros cursos de medicina se aprende que el objetivo de la industria farmacéutica no es salvar la humanidad, sino que es simplemente una empresa (una enorme empresa de hecho) que busca obtener el máximo beneficio posible, y con esta máxima orienta su investigación y su producción. Así se investiga más en productos de aplicación cosmética orientado al primer mundo que en el tratamiento de enfermedades mundialmente relevantes como la malaria, la tuberculosis o el VIH. Por no hablar de las enfermedades olvidadas. El caso de la Tripanosomiasis Africana es casi un clásico para evidenciar lo obsceno de esta realidad. Siendo una auténtica epidemia en determinadas regiones, cuando existía un fármaco eficaz y seguro como la eflornitina para su tratamiento, se dejo de fabricar por no ser rentable. Años después se descubrió su aplicación cosmética, ya que retarda el crecimiento del vello, y volvió a producirse. Es el mercado amigo.

Respecto a las patentes y a los pingües beneficios que obtienen a través de ellas, la industria siempre argumenta básicamente que la investigación requiere una enorme inversión, por lo que precisan que revierta a través de las patentes. Lo que no cuentan es que gran parte de esta inversión en investigación proviene de fondos públicos, aunque den lugar a patentes 100% privadas, lo que ya por si sólo es un escándalo. Por otra parte, muy pocos de los nuevos fármacos suponen realmente una innovación importante, aunque se vendan como tales y presionen a sistemas sanitarios y gobiernos mediante fuertes campañas publicitarias a distintos niveles (gastos que a veces son contabilizados como inversión en investigación). Digamos que la industria farmacéutica lanza también sus campañas “ya es primavera-verano en el mundo de los anticoagulantes orales”. Como se comenta en el artículo de elDiario.es “Las farmacéuticas rechazaron investigar en prevención de pandemias como la COVID-19 en la entidad mixta de medicamentos de la UE” de mayo de 2020 (2): “según la investigación de las ONG Global Health Advocates y Corporate Europe Observatory sobre entidades público-privadas de investigación en la UE, los intereses privados imponen sus prioridades. La industria farmacéutica, representada por el lobby EFPIA (Federación Europea de Industrias y Asociaciones Farmacéuticas), ha guiado un presupuesto público de investigación de la UE de 2.600 millones de euros para el período 2008-2020 a través de la IMI (Iniciativa de Medicamentos Innovadores), pero hasta ahora no ha logrado invertir significativamente en áreas de investigación donde se necesita con urgencia financiación pública.” Hay que recordar que la mayor parte de la financiación de las vacunas para la COVID ha sido pública; estimándose una inversión de 8.600 millones de euros de los distintos gobiernos, más unos 1.900 millones de organizaciones sin ánimo de lucro, frente a una inversión privada de 3.400 millones.

Por otra parte, el sistema de patentes va radicalmente en contra de la idea de cooperación en investigación y por ello es una rémora para el progreso de la misma, al fragmentar y parcelar avances que deberían ser compartidos.

Respecto al “derecho de revertir la inversión realizada a través de los beneficios“ hay que destacar que el margen de beneficios que aplica esta industria no tiene parangón ni en el propio sistema capitalista. Así algunos estudios indican que por ejemplo la vacuna de Pfizer-BioNTech puede estar vendiéndose a 1.765% del precio de coste (3). Por ello también la poca transparencia en el precio que pagan los distintos gobiernos, ya que este varía en función de la disponibilidad a pagar del mejor postor. Podemos recordar el ejemplo de los tratamientos para la hepatitis C y el secretismo que aún rodea sobre lo que realmente pagaron y pagan los distintos gobiernos (4).

Ante este oscuro panorama y siendo un bien sin duda socialmente necesario ¿qué podemos plantear? Como dice el ex consejero de sanidad Fernando La Mata y presidente de la Asociación por un Acceso Justo al Medicamento (5):

“En tanto se avanza en un cambio de modelo global, en el momento presente de la pandemia, la Unión Europea y sus países miembros pueden hacer algo más. Pueden forzar a las empresas a liberar las patentes (expropiándolas / comprándolas), concediendo licencias no exclusivas para que las vacunas se puedan fabricar en todas las plantas acreditadas y vender a precio de coste. Por ejemplo, en todas las plantas de la red fabricantes de vacunas de países en desarrollo (DCVMN) y en otros muchos. Si la capacidad utilizada hoy es de 10.000 millones de dosis anuales, se podría duplicar, o incluso triplicar, en pocos meses. De esta forma se permitiría vacunar a todas las personas en todos los países en un plazo más breve. Si no lo hacemos, podremos vacunarnos en los países ricos antes de que acabe 2021, pero en los países pobres solo se habrá vacunado un 10-20%. Además de la inmoralidad de esta decisión (mantener los monopolios de las patentes retrasando el acceso a las vacunas), la pandemia seguiría bloqueando la economía mundial, y las mutaciones del virus podrían resultar en variantes más agresivas, para las que las actuales vacunas no protejan. Nadie estará a salvo mientras no estemos todos a salvo”.

Y esto lo plantean sectores honrados y conscientes de la socialdemocracia, aunque pueda sonar bolchevique a oídos de algunos. Y existen herramientas para hacerlo, si existe voluntad para ello

Recomendar por último participar de la Iniciativa Ciudadana Europea “Right2Cure”, derecho a curar, no permitamos el lucro con la pandemia noprofitonpandemic.eu

Para leer más:

  1. https://ctxt.es/es/20210301/Politica/35342/Vacuna-covid-Finlandia-Big-pharma-financiacion-ayudas-publicas-patentes.htm
  1. https://www.eldiario.es/sociedad/farmaceuticas-rechazaron-covid-19-medicamentos-ue_1_5972687.html
  1. http://fernandolamata.blogspot.com/2020/12/is-price-we-pay-for-covid-19-vaccine.html?m=1
  1. https://civio.es/medicamentalia/2017/10/25/sovaldi-4-anos-despues-de-la-revolucion-contra-la-hepatitis-c-cuanto-cuestan-los-nuevos-farmacos/
  1. http://fernandolamata.blogspot.com/2021/02/si-se-puede.html?m=1&s=08
  1. https://accesojustomedicamento.org/
  1. https://noprofitonpandemic.eu/es/