sábado, 31 de diciembre de 2016

" Feliz y combativo 2017", por Alberto Garzón




Queridos compañeros, queridas compañeras.

Os escribo con la intención de transmitiros mis mejores deseos para este año que ahora entra. Al mismo tiempo, aprovechando la ocasión me gustaría compartir algunas reflexiones que espero sean oportunas y útiles para el año 2017.

Durante este año 2016 ha tenido lugar la sexta convocatoria electoral en apenas dos años, un reflejo más de la enorme volatilidad e inestabilidad política por la que atraviesa nuestro país. Afortunadamente, en este tiempo hemos conseguido dos objetivos estratégicos. Por una parte, hemos asegurado la supervivencia de la izquierda organizada en nuestro país en un momento de implosión del sistema de partidos. Esta no era tarea fácil, y en juego estaba la desaparición de la única organización de izquierdas con tradición marxista en nuestro país. Gracias al esfuerzo de nuestra lúcida militancia hemos logrado evitar ese escenario. Por otra parte, hemos logrado también iniciar un proceso de unidad electoral que hasta el momento nos ha permitido participar en gobiernos municipales y en un espacio electoral estatal que representa en torno a uno de cada cuatro votantes. Esto es tanto una anomalía histórica en nuestro país, pues nunca un espacio a la izquierda del PSOE había cosechado tanta simpatía, como una anomalía europea, pues somos de los pocos países en los que la crisis no está evolucionando pareja a un crecimiento de la extrema derecha.

Sin embargo, creo no es un momento de autocomplacencia, sino de enfrentarnos a los importantes retos que enfrentamos como organización, como clase y como país.

En primer lugar, la dinámica capitalista y su crisis sigue haciendo estragos en nuestra sociedad. En los últimos años han aumentado las privaciones de bienes y servicios esenciales para la vida para las clases populares. El desempleo y la precariedad se extienden, lo que está condenando a cada vez más sectores sociales a tener que vivir al límite. No abundaremos en cifras y datos porque los conocemos y porque somos nuestras familias, nuestros barrios y nuestra clase social los que sufrimos estas penalidades. Y esta situación, lejos de resolverse, se está agravando como consecuencia de la hoja de ruta de los recortes y la austeridad neoliberal impuesta por la oligarquía económica europea y española.

En segundo lugar, esta hoja de ruta ha podido continuar en nuestro país porque no logramos uno de los objetivos concretos que nos habíamos marcado: gobernar España. Ni lo conseguimos en diciembre de 2015 ni tampoco en junio de 2016. Precisamente durante este año hemos visto cómo la oligarquía española se veía obligada a intervenir cuasi-militarmente el Partido Socialista para evitar un gobierno alternativo al de Rajoy en el que tuviéramos influencia política. Aquella operación comandada por Felipe González y Susana Díaz era previsible, pero aislada no basta para explicar el gobierno de Rajoy. Debemos subrayar la incapacidad propia de atraer electorado suficiente. Quizás por cansancio, seguro por nuestros errores, mucha gente que confió en nosotros en diciembre se quedó en casa en junio. Mucha gente que sufre la crisis y es víctima de la dinámica del capitalismo no ha votado en las últimas elecciones o lo ha hecho por partidos del régimen. Este es nuestro gran reto no resuelto.

En tercer lugar, nuestra organización ha estado tradicionalmente condenada a la invisibilidad mediática. Quizás esto cambiaría si nos comportáramos de forma sumisa al régimen y los poderes económicos. Si dejáramos de pedir la nacionalización de las grandes empresas energéticas y financieras, si dejáramos de pedir la salida de la OTAN, si dejáramos de exigir un Estado laico, si dejáramos de reivindicar la memoria histórica, si dejáramos de señalar la corrupción del sistema, si dejáramos de señalar que el patriarcado mata, si dejáramos de considerar simple «ciudadano» a quien usurpa la soberanía popular… Si hiciéramos alguna o todas de esas cosas probablemente tendríamos más minutos en televisión, reportajes especiales sobre la izquierda amable y de orden y tendríamos a editoriales de los grandes medios explicando lo bueno que somos. Pero si hiciéramos eso, si dejáramos de ser lo que somos, también dejaríamos de ser decentes, dignos y, sobre todo, útiles para la causa del socialismo.

Estamos orgullosos de defender nuestras ideas y trabajamos para extenderlas, porque entendemos que es la única forma eficaz de luchar contra la crisis y contra el capitalismo. Porque es la única forma de lograr una vida digna. Y tenemos una organización que ha de afrontar nuevos e importantes retos, pero que está mejor de lo que ha estado en décadas. Tenemos la representación parlamentaria en Congreso y Senado más alta desde 1996, y participamos en un espacio político que representa el 25% del electorado en estos momentos. Y, sin embargo, eso sólo es una pequeña parte de lo que somos, pues lo más importante es nuestra militancia, y nuestra capacidad de transformar conciencias y realidades desde abajo, desde los barrios y desde los centros de trabajo. Por eso hemos iniciado campañas estratégicas como la campaña «¡Que no nos jodan la vida!», instrumento necesario para llegar a toda la gente que nos falta y que, como el resto, espera también construir soluciones a sus problemas concretos.

Este año también se nos han ido muchos y muchas compañeras, muchos y muchas militantes imprescindibles. Hace apenas unos días se nos ha ido Marcos Ana, pero su experiencia y su visión de vida queda en nuestros corazones y en nuestro proyecto. A él le gustaba decir que los comunistas tenían que ser buenas personas porque así la gente del barrio entendería perfectamente qué significa ser comunista. Sin necesidad de proclamas ni banderas. Con el ejemplo. Allí donde había una injusticia, allí habría un comunista combatiéndola. Creo que ese ejemplo de Marcos demuestra que nuestro proyecto es un proyecto ético-político, y que por lo tanto no podemos prescindir de valores y principios en nuestras vidas públicas y privadas, al mismo tiempo que también refleja que nuestro ámbito de actuación principal es la calle, los barrios, la vida misma.

Yo estoy seguro de que este año nos marcaremos aún más ambiciosos retos, y estoy convencido también de que juntos y juntas los alcanzaremos. Y estoy convencido de que más temprano que tarde construiremos una sociedad sin clases, una sociedad sin patriarcado, una sociedad que respete a sus animales y a su planeta, una sociedad en la que el reino de la necesidad haya dado paso al reino de la libertad. Tenemos el proyecto, los instrumentos, la gente. Cabe desearnos lo que necesitamos: buen trabajo y acierto.

Feliz 2017
¡Salud y República!
Alberto Garzón


jueves, 29 de diciembre de 2016

Vídeo de la manifestación en Alcorcón. Machismo fuera de las instituciones

 

Manifestación en Alcorcón. Machismo fuera de las instituciones

 #DavidPérezDimiteYa 

 De alcorcónrepublicano.es




miércoles, 21 de diciembre de 2016

Pasos para el cambio en Alcorcón

 Acuerdo de gobierno para Moción de Censura entre PSOE, Ganar Alcorcón y grupo mixto

José Antonio López Tinaquero (grupo mixto), Natalia de Andrés (PSOE) y Jesús Santos (Ganar Alcorcón)
José Antonio López Tinaquero (grupo mixto), Natalia de Andrés (PSOE) y Jesús Santos (Ganar Alcorcón)
Los portavoces de los grupos municipales del PSOE, Ganar Alcorcón y el grupo mixto han anunciado esta mañana (por ayer) en una rueda de prensa un acuerdo de gobierno para una moción de censura contra el actual alcalde David Pérez (PP).

La exigencia de dimisión al alcalde fue aprobada ya por la mayoría del pleno tras conocerse sus afirmaciones machistas sobre el feminismo y las feministas en el VI Congreso de Educadores Católicos en 2015. También fue reprobado por la mayoría del pleno por homófobo al no acatar las decisiones del pleno y la asamblea de Madrid en materia de lucha contra la lgtbfobia.

El acuerdo alcanzado por los grupos municipales incluye la propuesta de la portavoz del PSOE Natalia de Andrés para la alcaldía, la aplicación de las 35 medidas aprobadas por el pleno durante esta legislatura y que la Junta de Gobierno, en manos del PP, se ha negado a aplicar y un acuerdo de gobierno con medidas sociales, de transparencia y de regeneración democrática.
Los tres grupos presentarán el acuerdo al grupo de Ciudadanos esta tarde con el objetivo de que se sume a la moción de censura. Los tres portavoces han insistido en que esperan que Ciudadanos sea consecuente con el sentido de su voto en el último pleno municipal, en el que votó a favor de exigir la dimisión del Alcalde.

En los pasados días el portavoz de Ciudadanos, Alfonso Reina, ha dejado claro que quiere que David Pérez deje de ser alcalde, si bien insistió en acogerse a los plazos presentados por su portavoz en la Asamblea de Madrid, Ignacio Aguado, que daba plazo a Cristina Cifuentes hasta enero para que se produzca la dimisión del Alcalde. La presidenta de la Comunidad de Madrid ha negado en reiteradas ocasiones que vaya a pedir la dimisión de Pérez.

Sin luz no hay navidad



Este miércoles nos movilizamos en Cibeles a 18:30 para reivindicar #LuzParaTodas21D y garantizar los Derechos Humanos en nuestro país




jueves, 15 de diciembre de 2016

David Pérez dimisión, ¡hace falta!


El sábado 17 de Diciembre salgamos a la calle para decirlo alto y claro

En Los Cantos a las seis de la tarde. Manifestación hasta la Plaza de la Hispanidad 




"Si CCOO no se reinventa, se la llevará el viento de la historia", de César Arenas






La victoria del Partido Popular, en las elecciones generales de 1996, coincidió con el inicio de un ciclo financiero expansivo, que se prolongó hasta 2007 y que tuvo como correlato, un largo período de paz social. Sin embargo, esa prosperidad resultó ser un espejismo, donde el endeudamiento generalizado ocultaba el aumento de la desigualdad, la pobreza y la temporalidad. Además, la desmovilización que siguió a la victoria ideológica del neoliberalismo, deterioró aún más el tejido asociativo del país.

La llegada de la crisis, en 2008, no hizo sino acelerar dichas tendencias, provocando, de paso, que las estructuras sindicales fueran percibidas como cómplices del deterioro de las condiciones de vida y trabajo de la mayoría de la población. Así lo señalan las encuestas realizadas al conjunto de la ciudadanía, en las que las organizaciones sindicales aparecen como una de las instituciones peor valoradas y también las que responden los trabajadores asalariados que suspenden, igualmente, la labor realizada por los sindicatos en la empresa.

Dicho desprestigio se refleja igualmente en la caída afiliativa, en el envejecimiento acelerado de dicha afiliación (de casi 5 años desde el 2000) y en una mayor rotación (el 44,9% causa baja antes de tres años) que revela el carácter instrumental de la vinculación con el sindicato. Caída también del número de delegados, especialmente jóvenes, que el sindicato achaca a un elevado nivel de desempleo y precariedad, aunque debiera parecer obligado analizar por qué tiene que haber, necesariamente, una menor intervención sindical cuando, precisamente, las condiciones de los trabajadores son peores.
El desprestigio de los sindicatos, no ha impedido, sin embargo, una oleada de movilizaciones (Huelgas Generales, 15M, Marchas por la Dignidad), alentadas por la propia emergencia social, que, sin embargo, no consiguieron que se revirtiesen contrarreformas que han terminado por provocar una catástrofe social: aumento del paro (50% de los jóvenes), precarización del mercado laboral y deterioro del poder sindical en las empresas.

Esa debilidad en la correlación de fuerzas, que se traduce, por ejemplo, en una tendencia descendente desde el inicio de la crisis, en el número de horas perdidas por huelgas, trajo como consecuencia el desplazamiento progresivo de la resistencia, desde los centros de trabajo a los espacios ciudadanos, en un proceso de radicalización social, que se tradujo más tarde en radicalización política, como prueba el giro a la izquierda en el auto posicionamiento del electorado y el avance electoral de la suma de IU y Podemos.

La radicalidad de la movilización se manifestó de forma más intensa en sectores como sanidad y educación, que adoptaron formas de acción influidas por el espíritu del 15M (Mareas), lo que explicaría el giro a la izquierda en las EESS de la enseñanza pública, que CCOO, y por supuesto UGT, no habrían sido capaces de cabalgar de forma generalizada.
Por su parte, las direcciones confederales de CCOO y UGT, que habían conseguido con las huelgas generales de 2010 y 2012 retomar su liderazgo social, cuando constataron que la movilización no había logrado debilitar la ofensiva neoliberal, volvieron a apostar por el modelo de respetabilidad institucional y diálogo social. Sin embargo, la misma brutalidad en la imposición de políticas regresivas de gobiernos presionados por el poder económico, trajo consigo el fracaso del diálogo social como marco para establecer políticas compartidas y equilibradas frente a la crisis. De hecho, los últimos Gobiernos del PSOE y el PP han legislado para favorecer la devaluación salarial, la destrucción de empleo y el incremento de la desigualdad social.

Ha sido el largo ciclo electoral de 2015 y 2016, el que ha terminado de demostrar que el consenso social que salió de la Transición estaba definitivamente roto, no sólo por la corrupción de las élites sino también por la hartura de la ciudadanía con décadas de precarización, de aumento de las desigualdades y de quiebra de las expectativas de un futuro mejor (“No somos mercancía en manos de políticos y banqueros” se decía en el 15M).

La crisis del régimen de la Transición coincide, además, con una ruptura generacional, al repercutir el capital financiero en los jóvenes el coste de la crisis, a la vez que culpabilizaba a los trabajadores con derechos de tener condiciones de “privilegio”, frente a aquellos a los que el propio capital se los estaba negando.
Ha sido precisamente la hegemonía del pensamiento neoliberal, la que ha provocado la ruptura entre ambos colectivos. Las condiciones precarias en las que se insertan los jóvenes están provocando que el trabajo pierda para ellos centralidad social, y en consecuencia también la pierda el sindicalismo, que, sin embargo, no es sustituido por otras formas de organización estable. La precariedad, el miedo al desempleo y la represión patronal impiden a muchos jóvenes sindicarse en organizaciones que, por otra parte, no han sabido transformarse para acogerlos en las condiciones concretas en las que les ha tocado socializarse.

Rota la identificación con un proyecto del conjunto de la clase trabajadora, los jóvenes activistas perciben a los sindicatos como estructuras que emanan del consenso del 78 y por ello como rémoras para la movilización. Hay que tener en cuenta que no ha sido infrecuente que los sindicatos tolerasen la precarización de las nuevas incorporaciones a la empresa, siempre que la plantilla ya existente mantuviese sus condiciones salariales y de estabilidad.
Como prueba de dicha ruptura podemos constatar que la afiliación a los sindicatos se concentra entre quienes tienen edades avanzadas, entre los trabajadores fijos y a jornada completa. Sin embargo, la tasa de afiliación es escasa entre jóvenes, precarios, inmigrantes, no cualificados, subcontratas y a tiempo parcial.

El espacio en el que se organizan las generaciones más jóvenes, en especial los hijos de trabajadores estables con alto nivel de formación, ha sido ocupado por movimientos sociales con una gran capacidad de reacción y movilización, pero grandes dificultades para estructurarse de manera estable.
Esa ruptura entre colectivos de una misma clase trabajadora tiene reflejo en los propios resultados de las elecciones sindicales, donde crecen las llamadas candidaturas de los “otros”, fruto, en parte, de la fragmentación de la clase trabajadora (entre activos y parados, funcionarios y laborales, fijos y precarios, empleados de la empresa matriz y de las subcontratas, hombres y mujeres, españoles y extranjeros). El menor sentimiento de pertenencia a un proyecto común llevaría a algunos colectivos a distanciarse de los procesos sindicales o a apoyar a sindicatos corporativos, que representarían lo más cercano, en la pelea por repartirse un bien escaso.
A ese menor sentimiento de pertenencia contribuiría que, una parte del movimiento sindical y de la izquierda en general, haya creado un imaginario en el cual” clase obrera” se identificaba con lo que sólo es una parte reducida de la clase trabajadora: los obreros fabriles.

En esas condiciones, el sindicato corre el riesgo de dejar de ser una organización de clase, con un proyecto común para todos sus colectivos, para pasar a ser una organización de defensa de determinadas fracciones de trabajadores, precisamente las más estables y de mayor edad.
La crisis de legitimidad que sufre el sindicato se ha manifestado, en el interno de la Confederación, en la proliferación de Gestoras y Direcciones Provisionales a lo largo y ancho del país, tal vez en un intento de evitar que la desafección se convierta en oposición organizada.
Además, el estrangulamiento económico de CCOO, al que ha contribuido también la caída afiliativa, se ha traducido en EREs en casi la totalidad de las estructuras y en el progresivo cierre de los FOREM y de numerosas sedes de estructuras de base.

Esa misma situación económica ha influido en la política de fusión entre Federaciones, que sin embargo está produciendo efectos distintos a los proclamados, ya que conlleva pérdida de efectivos en las estructuras más cercanas a los trabajadores, mayor corporativismo y mayor poder de las cúpulas de las grandes Federaciones, en detrimento del aspecto socio político del sindicato.
Por otro lado, la afiliación se ha visto sorprendida por escándalos como el de las tarjetas Black o los complementos salariales de COMFIA, frente a los que la reacción fue torpe y tardía.
En esas condiciones, de divorcio entre el discurso y la práctica, tanto el código ético, que quiso responder, con tanta rotundidad al escándalo de los sobresueldos a dirigentes de la antigua federación de banca, que Ignacio F. Toxo aseguró que “CC OO se reinventa o se la lleva el viento de la historia”, o la actual campaña por “repensar el sindicato”, impulsada por la dirección confederal, pueden terminar pareciendo meras operaciones estéticas.

Eso hace imprescindible la extensión de un movimiento transversal, dentro del sindicato, que ponga en marcha un proceso de regeneración democrática, frente a quienes podrían estar deshaciendo el trabajo que la mayoría construye de forma esforzada y honesta.

Todo esto sucede en pleno proceso de empobrecimiento del país, condenado al subdesarrollo político, económico y social, en la periferia de una Europa alemana, con un modelo en el que sólo puede haber menos democracia y sindicatos en un papel subalterno, en un círculo vicioso de derrota sindical, desprestigio social, caída afiliativa, retrocesos electorales y dificultades para el relevo generacional.
Es cierto que estos últimos tres años, la ilusión creada por el proyecto de asalto a las instituciones, tomó el relevo a la movilización social. Sin embargo, aunque la máquina electoral pueda llegar a triunfar, en Grecia aprendimos que tener el gobierno no significa tener el poder, y por lo tanto el sindicato debe mantener la autonomía respecto a las instituciones.
Sin embargo, ahora el escenario más previsible es el de una nueva recesión que legitime las apremiantes exigencias de la Troika para nuevas vueltas de tuerca al modelo social. En ese escenario, que los partidos del Régimen están siempre dispuestos a consentir, el conflicto de clase sólo puede acrecentarse, y eso abre la posibilidad de que, las generaciones que en él se socialicen, puedan incorporarse al sindicalismo desde una inserción conflictiva en la precariedad.
Justamente el movimiento sindical francés ha optado por canalizar la explosividad social como una vía posibilista para evitar su desaparición. Una opción más realista que la de instalarse en la melancolía y esperar que, por sí solos, los poderes económicos decidan restaurar un nuevo equilibrio, en el que los sindicatos vuelvan a colocarse en el centro del terreno juego. Porque la salida a la profunda crisis de legitimidad de la Segunda Restauración dependerá mucho de la movilización social y sin ella probablemente se impongan medidas regresivas y el triunfo de una sociedad más desigual y con menos democracia.

Por eso, en un momento de aceleración del tiempo histórico, parece imprescindible debatir qué papel queremos que cumpla el sindicato. La izquierda sindical, pero también la política y social, deberían apostar por un sindicato combativo, como el mejor marco posible para establecer alianzas entre los trabajadores estables y los trabajadores jóvenes y precarios. Una alianza que pasa por construir identidades de clase también en el ámbito local, en barrios y ciudades, impulsando igualmente nuevos espacios de representación que integren a los trabajadores subcontratados, de manera que se active una comunidad de intereses, que pueda sindicalizar a los trabajadores más precarizados de una comunidad de trabajo, y se impulsen, de forma prioritaria, iniciativas de reparto del empleo, que puedan ser vistas como inclusivas por las generaciones precarizadas.

Hay que debatir también que aportaría CCOO a la construcción de una mayoría social que unifique a los damnificados por la crisis. CCOO puede aportar, por ejemplo, muchos miles de delegados, afiliados y dirigentes sindicales, que rompen el bucle cuando se enfrentan al retroceso en derechos y condiciones de vida, pegados a sus compañeros, porque, entonces sí, los trabajadores se reconocen en ellos. Luchas contra los cierres y la deslocalización, o por el derecho de huelga, sirven además como catalizador en las relaciones entre sindicalismo y acción política (Coca-Cola o Airbus son casos emblemáticos) El sindicato sería también el mejor marco para establecer alianzas entre los colectivos de la clase trabajadora con mayor nivel de instrucción (radicalizados al ver frustrados sus proyectos de vida) y los grupos menos cualificados por el sistema educativo.

El sindicato podría pues ser punto de encuentro, parte de un tejido social denso, parte de lo que podría empezar a ser la unidad popular por la base, y parte, también, de ese marco simbólico del relato de unidad que necesita la clase trabajadora.
Pero para empezar a recorrer ese camino se debe empezar por escuchar a los trabajadores, apoyar las resistencias que se vayan organizando y, cuando sea posible, generalizarlas, construyendo un discurso alternativo sobre las causas y salidas de la crisis, que sitúe el conflicto capital-­trabajo en el centro del tablero, y la recuperación del empleo y los derechos laborales como objetivo prioritario. Para así, apostando por la movilización y por un relato alternativo, que confluya con la izquierda social y política, empezar a empoderar a la clase trabajadora en una expectativa de cambio. 

César Arenas es profesor de secundaria y afiliado a CCOO.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


miércoles, 14 de diciembre de 2016

Mentiras, falacias y medias verdades sobre la “Derogación de la Ley Mordaza"




 
No podemos quedarnos calladas frente a las mentiras, falacias y medias verdades que hemos estado escuchando  sobre la “Derogación de la Ley Mordaza”. Las noticias y declaraciones difundidas durante los últimos días están manipulando y confundiendo a la sociedad, dando falsas esperanzas a la ciudadanía y, sobre todo, a aquellas personas que luchan de forma constante por los derechos y libertades de todas. Queremos arrojar luz sobre lo que realmente ocurrió en el Congreso esta semana en relación a este tema. Pocas palabras bastan para desmontar muchos de los titulares que se han difundido estos días respecto a la votación del pasado martes de una moción presentada por el PSOE para la derogación de la Ley de Seguridad Ciudadana, una de las Leyes Mordaza contra las que No Somos Delito lleva luchando desde hace varios años. Se trata de una iniciativa que no tiene cumplimiento obligatorio para el gobierno, así que no vamos a parar hasta lograr la derogación íntegra e inmediata de la Ley Mordaza y no nos contentamos con volver a la Ley Corcuera (ley anterior) sino que queremos además avanzar hacia una nueva ley que se construya con la participación de la Sociedad Civil y que nos permita avanzar en una democracia más real. Denunciamos la aplicación de todas las Leyes Mordaza y por tanto, exijimos tanto la derogación total de la Ley de Seguridad Ciudadana, como de la reforma del Código Penal + Pacto Antiterrorista y la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

Ver noticias:

NOTICIA DE ÚLTIMA HORA
El PSOE presenta su propia Ley de Seguridad Ciudadana sin contar con la participación de la sociedad civil. Proponen la modificación de determinados puntos de la actual #LeyMordaza pero no sabemos si esta nueva ley supondrá la derogación total de la actual ley o mantendrá algunas de las sanciones de la #LeyMordaza. Mientras se tramita esta proposición proponen volver "temporalmente" a la 'Ley Corcuera' más conocida como ley de patada en la puerta.
¡Seguiremos presionando para que la nueva ley se construya con la participación de la sociedad civil!
Porque #MovilizarseSirve

viernes, 2 de diciembre de 2016

Ni amargadas ni rabiosas, feministas y orgullosas


Manifestación este sábado 3 de Diciembre a las 12h en la C/los Cantos esquina C/Mayor.

            ¡FUERA MACHISTAS DE LAS INSTITUCIONES!
                 ¡VIVA LA LUCHA DE LAS MUJERES!
                     ¡VIVA LA LUCHA FEMINISTA!
                    ¡NI AMARGADAS NI RABIOSAS, 
                     FEMINISTAS Y ORGULLOSAS!