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Publicada la mayor encuesta sobre la monarquía en el mandato de Felipe VI

 Un 40,9% de la población votaría por la República y un 34,9% a favor de la monarquía en caso de referéndum

Las personas indecisas serían clave en una hipotética consulta. La población cree que, si se preguntase, la monarquía sería la opción más votada. El Salto y 15 medios de la Plataforma de Medios Independientes publican la mayor encuesta sobre la monarquía realizada en el mandato de Felipe VI.

 

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lunes

La revolución de las basuras en Alcorcón: de estar al borde de la privatización a ser ejemplo de gestión pública, en eldiario.es

La revolución de las basuras en Alcorcón: de estar al borde de la privatización a ser ejemplo de gestión pública

Alcorcón asomó en los medios de comunicación hace un par de años por un problema de residuos: los colchones se acumulaban por todo el municipio, de 170.000 habitantes. Junto a los contenedores, en las aceras o en los puntos limpios, donde formaban montañas. La situación era tan estrafalaria que el alcalde de entonces, David Pérez García (PP) llegó a especular con una conspiración izquierdista para sembrar el municipio de somieres y así restarle apoyos. En la ciudad operaba entonces una empresa pública de basuras disminuida, con el personal desmoralizado y con un funcionamiento anquilosado. Terreno abonado para el discurso privatizador de los últimos 30 años. 

 

 

La situación llevaba tiempo enquistada. Fundada en los 90, la Empresa de Servicios Municipales de Alcorcón (Esmasa) ya había lidiado durante el mandato de los populares con un intento de privatización de la recogida de vidrio que originó una dura huelga. Era 2014 y en el comité de empresa había asomado Jesús Santos, un treintañero peleón que llevaba más de una década en la compañía y que había hecho ruido tras salir elegido en el comité por la CGT, rompiendo el duopolio de UGT y CC OO. Seis años después, Santos es teniente de alcalde por Ganar Alcorcón, en coalición con el PSOE, y presidente de Esmasa. También es coordinador de Podemos en la comunidad de Madrid. Pero sigue siendo basurero, y a ello dedica el grueso de su tiempo. 

Puede haber un deje de ironía en que un hombre salido del movimiento okupa y el anarcosindicalismo acabe encarnando uno de los relatos míticos del capitalismo industrial, ese que dice que se puede empezar de aprendiz y acabar de consejero delegado. Con obvios matices (Esmasa es una empresa pública y al presidente lo nombra el Ayuntamiento) el caso es que Santos antes iba en el camión de recogida y hoy es el patrón. Como tal, llega un jueves por la mañana a la sede de la empresa. Saluda a los empleados por el nombre y sube a la estrecha sala de reuniones para abordar una de las nuevas iniciativas de la compañía, un plan de choque para limpiar los barrios uno a uno. “Esto estaba manga por hombro. Había toneladas de basura, para mí era una obsesión”, recuerda.



De los dos puntos limpios de Esmasa, el que está al lado de la sede separa ahora los residuos tecnológicos y ha establecido un mecanismo de trueque, de manera que si alguien deja una nevera antigua que todavía funciona, otro vecino la puede recuperar. El jueves por la mañana el trabajador de turno se llama Marcos. “Aquí no había organización. Simplemente, pasaban”, recuerda sobre la etapa anterior.

En cualquier empresa es complicado encontrarse al jefe por las instalaciones acompañado a un visitante y echarle en cara todo lo que está mal, pero en el taller, uno al que conocen por el apellido, Carrillo, habla con lo que parece genuino orgullo: “Hay que levantar esto para arriba como sea, y lo estamos haciendo”. El taller de Esmasa también estuvo cerca de ser privatizado, pero aguantó. Hoy se encarga del 90% de las reparaciones, todas a cargo del personal de la casa. Para el resto, se licitó un contrato en el que se favorecía que las empresas fuesen de cerca de Alcorcón. Santos asegura que el dueño de un taller fue a darle un abrazo cuando leyó el pliego de condiciones. Era la primera vez que una empresa pequeña podía meter una cuña en un contrato de ese tipo. Santos dice que el ahorro es de 250.000 euros.

Los conductores de los camiones de basura de Alcorcón llevan ahora unos teléfonos nuevos vinculados a una red interna en la que van actualizando la recogida conforme la realizan, lo que permite adaptar las rutas de recogida. “Esto es gestión del conocimiento”, presume Santiago Anes, funcionario y director general de servicios, fichado del Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid. “El único nuevo soy yo”, bromea. El siguiente paso es que la información se actualice automáticamente, tarea para la cual la ciudad ha logrado una subvención europea tramitada por el Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial (CDTI), dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación.

 

El cambio no fue coser y cantar. En la plantilla hubo resistencias y algún despido. "Una cosa es creer en lo público, otra no querer ser eficiente. En el descontrol, hay una pequeña parte de la gente que vive muy bien”, reconoce Santos, que dice, no obstante, que la litigiosidad se ha reducido de más de 100 pleitos al año a siete u ocho. En la reunión de la mañana, una capataza evoca la caótica gestión de las bajas de la etapa anterior.

El plan del choque del jueves pone el foco en una zona del Ensanche. Amplias avenidas, bloques de edificios y espacios verdes, en una estampa similar a otras ciudades del sur de Madrid de rápido crecimiento. Por las calles hay más personal de limpieza que vecinos. Está la flamante máquina barredora eléctrica, están los sopladores de hojas, los desbrozadores, los limpiadores de grafitis. Por la cera solo se ve una pareja de mediana edad, Gregorio e Isabel. “Ahora hay que llevar gafas de sol, porque las aceras centellean”, se carcajea él. Más seria, Isabel rememora: “Era terrible, se tiraban los colchones apilados hasta 15 o 20 días. Aunque llamases”. “Había alcantarillas sin tapa, y con la hierba tan alta era un peligro”, apostilla Gregorio. La semana que viene, las cuadrillas irán a otro de los puntos marcados con chincheta roja en el mapa de la sede. A fecha de hoy, la comunicación de incidencias bajó un 80 por ciento, calcula la dirección. 

 

 

 

 

El éxito aparente de la renovada Esmasa quiere aprovecharlo Santos para influir en el debate sobre la gestión de residuos de la comunidad. Entre el modelo de soterramiento y vertederos y el de reducción y revalorización de residuos, auspiciado por la UE, se entremezclan intereses empresariales y políticos. Alcorcón forma parte de la Mancomunidad del Sur, que incluye a 71 municipios. Tras las elecciones de 2009, la presidencia pasó a ocuparla Sara Hernández, la alcaldesa socialista de Getafe. Santos es vicepresidente. La nueva administración heredó un proyecto de ampliación del vertedero de Pinto por casi 60 millones de euros. “Si dedicásemos ese dinero a investigar en vez de a enterrar…”, lamenta el vicealcalde. En Alcorcón, de momento, apuesta por el compostaje, y a finales de julio firmaron un acuerdo con la Universidad Politécnica para un proyecto inicial en que se empleará la materia orgánica suministrada por el mercadillo municipal y los comedores escolares.

El cambio de tornas de Alcorcón ha llamado igualmente la atención de las grandes empresas del sector, como FCC, Urbaser u OHL, adjudicatarias del servicio en localidades de todo el país. “Hicimos un concurso pequeño para elaborar un mapa de las papeleras de la ciudad. En seguida llamaron de una de las grandes compañías para preguntarme, muy amablemente, en qué consistía”, cuenta Santos, que augura que la atención empresarial a este rival público irá en aumento. Mientras tanto, disfruta de la renovada sintonía con los vecinos. Durante los meses del confinamiento agradecieron la implicación de los trabajadores de recogida. “Nos mandaban hamburguesas, flores, tarjetas de felicitación”, asegura. Rosi, una empleada con 30 años de experiencia en la empresa, concluye, manguera en mano sobre una acera: “El cambio ha sido brutal”.

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jueves

La fortuna personal de Juan Carlos I: un patrimonio opaco y de origen incierto en el centro de la polémica, en eldiario.es



La Casa Real anunció este lunes que quien fuera jefe del Estado durante casi cuatro décadas se marchaba del país "ante la repercusión pública que están generando ciertos acontecimientos pasados" de su "vida privada". Lo que la Zarzuela intenta hacer pasar por una cuestión de carácter personal es en realidad una polémica de altura sobre el origen de parte de su fortuna, incluidas las sospechas de que deriva de negocios irregulares y de que utilizó testaferros para esconderla en el extranjero.

 Juan Carlos I en una imagen de archivo. Angelo Carconi / AP - Gtres

Sin embargo, a cuánto asciende la fortuna personal del rey emérito es un misterio. Desde su llegada al trono y hasta el pasado marzo, cuando su hijo le retiró la asignación en medio de la polémica por sus oscuros negocios, ha venido recibiendo un sueldo con cargo a los Presupuestos Generales del Estado. En 2018 ese montante fue de 194.232 euros. Sólo desde 2015, tras el estallido del 'caso Urdangarin, la Zarzuela ofrece con restricciones información sobre los regalos institucionales —no los personales— que reciben los miembros de la familia real. Pero el patrimonio del actual rey y de su predecesor sigue siendo secreto. 

La última cantidad atribuida a Juan Carlos I se eleva a 2.300 millones de millones de dólares —casi 2.000 millones de euros— según una estimación realizada en 2012 por The New York Times. El diario llegó a esa cantidad tras hacer "un promedio de cifras ya publicadas", según contó El Confidencial. En ese artículo, el diario estadounidense subraya que "sigue siendo un secreto" cómo Juan Carlos de Borbón "ha amasado su considerable riqueza personal". 

En 2002, la ya desaparecida revista Eurobusiness había estimado el patrimonio del emérito en casi 1.700 millones de euros: 545 de fortuna personal y 1.136 de bienes familiares. Según contó El Mundo, el entonces embajador de España en Londres, Santiago de Mora-Figueroa, envió una carta al director de la publicación calificando la cifra de "disparatada". "[La cifra] solo se puede explicar por haber entendido ustedes, erróneamente, que los bienes públicos propiedad del Patrimonio Nacional, del Estado español, son propiedad privada de Su Majestad el Rey, lo cual es evidentemente inexacto", escribió el diplomático.

The New York Times asegura en la citada información de 2012 que los bienes del ahora emérito cuando accedió al trono en 1975 eran "prácticamente" inexistentes. En 2013 trascendió la existencia de una cuenta en Suiza vinculada a la herencia de su padre, que falleció en 1993. Juan de Borbón dejó a sus hijos bienes y fondos por un valor de 6,6 millones de euros, de los que 2,2 habrían correspondido a Juan Carlos I, según publicó en aquel momento El Mundo

Entonces, la Zarzuela aseguró que esa cuenta abierta en el país helvético, territorio considerado refugio de evasores fiscales, se había cancelado en 1995 y que el dinero se había destinado a pagar deudas. La difusión de la existencia de esa cuenta y el patrimonio del padre del emérito destruyó el mito de la pobreza de los Borbones por el exilio de Alfonso XIII, su abuelo, durante la Segunda República. 

Las pesquisas en Suiza

Precisamente una investigación abierta en Suiza sobre el origen de parte de su fortuna es lo que ha acabado poniendo a Juan Carlos I contra las cuerdas. El fiscal Yves Bertossa indaga si los 65 millones que el monarca donó en 2012 a la empresaria Corinna Larsen, con quien mantuvo una relación extramatrimonial, proceden de una comisión ilegal de 100 millones de dólares pagada por el Gobierno de Arabia Saudí en agosto de 2008 por supuestas gestiones para que empresas españolas hicieran las obras del AVE a la Meca.

El origen de esa investigación está en las grabaciones que en julio de 2018 publicaron OkDiario y El Español y en las que Larsen atribuye al monarca el cobro de comisiones y el uso de testaferros. La conversación había tenido lugar en Londres en 2015 con el comisario jubilado José Villarejo, actualmente en prisión provisional por múltiples delitos, y el expresidente de Teléfonica Juan Villalonga. 

Tras la publicación de estos audios hace dos veranos, el fiscal Bertossa inició una investigación y detectó el rastro de la supuesta donación a la empresaria tras unas pesquisas en los despachos de Arturo Fasana, gestor de fondos radicado en Ginebra, y el abogado Dante Canonica. Juan Carlos I había depositado previamente ese dinero en un banco a nombre de una fundación radicada en Panamá y administrada por Fasana y Canonica. Estos dos últimos y Larsen están siendo investigados por "blanqueo agravado" en ese país. Lo que trata de desentrañar Bertossa es la supuesta estructura que presuntamente pusieron en marcha para blanquear dinero de origen ilícito y esconder parte del patrimonio de Juan Carlos I.

Los testimonios incluidos en la investigación suiza publicados por varios medios de comunicación hablan de un monarca retirando cantidades exorbitantes de dinero periódicamente, de su abogado introduciendo maletines por el aeropuerto militar de Torrejón y de Larsen asegurando que el emérito disponía de una máquina de contar el dinero en Zarzuela. 

Se desconoce por el momento si este es el único patrimonio que el padre del actual jefe del Estado guarda en el extranjero. No obstante, el Consejo Federal suizo rechazó la semana pasada bloquear cautelarmente sus fondos mientras se le investiga. El Ejecutivo suizo denegó la petición de Òmnium Cultural, que había reclamado la congelación de los activos.

Hechos tras su abdicación

La inviolabilidad que la Constitución consagra para los jefes del Estado hace que sea imposible perseguir penalmente a Juan Carlos I por los hechos anteriores a su abdicación en 2014. Es decir, en España no se puede investigar si el origen de su fortuna está en negocios irregulares. Pero el monarca sí debe responder por los hechos ocurridos tras su salida del trono aunque solo ante el Supremo, tribunal ante el que está aforado. 

En esa etapa en la que se centra la Fiscalía del Alto Tribunal, que estudia desde el pasado junio si existen indicios suficientes para abrir una causa contra él tras la investigación que se empezó en Suiza. Lo que un grupo de fiscales especializados dirigidos por Juan Ignacio Campos trata de "delimitar o descartar" es si cometió blanqueo de capitales en los movimientos de dinero o delito fiscal al no informar a Hacienda de sus rentas en el extranjero

De ahí la relevancia del documento que la Agencia Tributaria remitió en septiembre de 2018 a la Audiencia Nacional y en el que informaba de que Juan Carlos I nunca había declarado tener cuentas bancarias en el extranjero. El entonces juez del caso Villarejo, Diego García Egea, solicitó a la Agencia Tributaria esa información en el marco de la pieza 5 de la causa, la que investiga unas grabaciones entre el policía encarcelado y Larsen en las que esta atribuye distintos hechos delictivos al rey emérito, entre ellos fraude fiscal. Cuando recibió la contestación, el juez archivó esa pieza por lo que el informe no trascendió. 

La existencia de ese documento quedó revelada en el auto del actual juez del caso Villarejo, Manuel García Castellón, por el que pasado 27 de julio ordenó la reapertura de esa pieza separada, archivada entonces por ausencia de indicios sólidos y porque otros que constaban contra el emérito quedaban sepultados por la inviolabilidad que protege a Juan Carlos I en todo lo anterior a su abdicación en 2014.

CCOO y PCE condenan el acto vandálico contra la placa conmemorativa de los Abogados de Atocha en Alcorcón


ALCORCÓN REPUBLICANO ./.

Este sábado día 4 de julio hemos conocido la noticia de la agresión y rotura de la Placa en Homenaje a los Abogados de Atocha situada en el parque que lleva su nombre en Alcorcón. Desconocemos las motivaciones de quienes han vandalizado y destrozado la placa.   

Pero ya se trate de un acto de incivismo e ignorancia, o de un deliberado intento de humillar la memoria de los Abogados de Atocha, no merecen sino la repulsa y desprecio de la sociedad democrática de Alcorcón. Si hay alguien que pretende atentar contra la memoria democrática de nuestro pueblo va a tener en frente a la sociedad trabajadora y organizada de nuestra ciudad.

Alcorcón es una ciudad con memoria y que sabe lo que son las nubes negras del fascismo, una ciudad que no va a dejar pasar a aquellos que pretenden romper nuestra convivencia con su odio hacia el diferente, porque es una ciudad sana y plural. Una ciudad que precisamente a través de este parque y de esta placa reconoce el papel fundamental que jugaron los Abogados de Atocha y los miles y miles de trabajadores y trabajadoras anónimas que dejaron sus fuerzas e incluso sus vidas por una sociedad más justa.

Desde la Unión Comarcal Oeste de CCOO y el núcleo del Partido Comunista de España de Alcorcón condenamos el destrozo de la placa que se ha producido y exhortamos al Ayuntamiento de nuestra ciudad a su reposición, al que ofrecemos nuestra colaboración.



viernes

"Iniciativas solidarias en tiempos del coronavirus", en Ágora Alcorcón

¡Ágora Alcorcón vuelve a la ciudad!
¡Síguelo y difunde! @agoraalcor



5 de junio de 2020
 
Pancarta pro Sanidad Pública


Noel F.La solidaridad se ha sentido en las calles de Alcorcón desde el inicio de la pandemia. El coronavirus, a pesar de lo que dijeran en la tele, sí entiende de clases sociales. Las diferentes condiciones materiales y económicas provocan que la pandemia afecte y sea vivida de diferentes formas. Muchas vecinas y vecinos de Alcorcón han sido conscientes de ello y no han dudado en poner en marcha iniciativas para apoyar a los más desfavorecidos. 

Este medio ha querido entrevistar a varias personas que pusieron en marcha una de estas iniciativas. Este proyecto ha ido creciendo a lo largo de la pandemia y aglutina ahora a muchas personas con el único objetivo de ayudarse en los tiempos que corren.


¿Quién o quiénes estáis detrás de la creación del grupo?


Es sin lugar a duda una colaboración colectiva. La iniciativa surgió a través de un grupo de WhatsApp de dos personas que nos encontramos en la misma casa. A medida que pasaban los días veíamos cómo iba creciendo el número de personas en el grupo, y en poco tiempo rozábamos las 100 personas, algo inesperado. 


Pasamos la información al grupo barrial de Tiene Sal (una especie de asociación vecinal virtual), a otros colectivos, como pueden ser el Ateneo Popular de Alcorcón o la Red de Solidaridad Popular, y a todos nuestros contactos. También pusimos carteles físicos en los portales que podíamos, y mucha gente que iba entrando en el grupo hizo lo mismo. En poco tiempo la participación sobrepasó lo esperado. Por ello, podemos decir que todo es fruto de iniciativa colectiva y las redes de entidades vecinales ya existentes. En este sentido, hay que destacar la importancia de estas redes vecinales asentadas en nuestro barrio para este tipo de iniciativas. 


¿Cómo se os ocurrió y cuál era su objetivo inicial?


¡No fue idea nuestra realmente, ni mucho menos! Vimos en las redes sociales que en otros barrios se habían formado grupos solidarios y pensamos que podría haber mucha gente interesada en una iniciativa parecida en Alcorcón. La verdad es que al principio no teníamos claro qué función podría tener o cómo sería su desarrollo. Lo lanzamos como algo abierto y con el tiempo se han ido definiendo y consolidando los cimientos del grupo entre el conjunto de personas que formamos parte de él.


¿Esperabais que hubiera tanta gente en él?


No sabíamos qué pensar realmente, pero no, tanta gente no, en ningún momento. Ha sido una sorpresa muy grata la verdad y una suerte poder compartir un espacio así con tanta gente con la única voluntad de ayudar a otras personas. En estos tiempos tan duros, ha sido como encontrar un rayo de luz en medio de la tormenta, muy inspirador. Muestra que, a pesar de las barbaridades que ocurren, hay mucha buena gente cuyos instintos básicos son solidarios. 


¿Cómo está funcionando?


El grupo de WhatsApp sigue siendo la herramienta que más usamos, la mayor parte del trabajo a nivel organizativo y de gestión pasa por esta plataforma.  Hay que reconocer que al principio fue complicado: con tantas personas que no nos conocíamos de nada, añadido a que el único espacio del que disponíamos para organizarnos era aquel grupo de WhatsApp.

Además, tampoco teníamos un siguiente paso pensado de antemano y mucho menos una meta concreta. No sabíamos ni en qué íbamos a poder ser útiles, ni como lo haríamos. Al principio fue un poco caótico. Realmente un reto difícil, ya que no disponemos de referencias o experiencias anteriores, que se parezcan a esta situación tan particular, ni de cómo crear y organizar una respuesta desde las bases solo a través de un medio virtual.  Ver lo que hemos conseguido construir en tan poco tiempo es testimonio de la capacidad colaborativa y organizativa de la gente. 


Ha sido difícil, pero al final lo habéis conseguido ¿Cuéntanos un poco cómo os organizáis?


Sí, es cierto. En unos cuantos días conseguimos llegar a establecer un modo de funcionar colectivamente. Dividimos la ciudad en zonas y cada persona se apuntaba a una, especificando qué servicios quiere ofrecer: hacer compras, sacar mascotas, compañía virtual, ayuda con deberes de jóvenes, etc. Poco a poco nos fueron llegando solicitudes de ayuda y mandábamos a las personas más cercanas para cubrirlas.


Por ejemplo, tres centros de salud nos mandaban todos los días recados para pacientes que no pueden salir de casa.  También muchas otras personas se ponen en contacto con nosotros (a raíz de vernos en redes sociales, páginas webs, carteles físicos en portales, centros médicos o farmacias, etc.), para pedirnos ayuda de distinta índole: los listados de establecimientos que hacen repartos a domicilio, información y consejos de abogados sobre todos los cambios legislativos y derechos a los que se pueden acceder dependiendo de cómo te haya afectado a nivel económico el COVID-19 o cómo tramitar los papeles. También ponemos en contacto a otros colectivos o individuos que tienen algo que ofrecer en forma de ayuda, pero no entra dentro de lo que hacemos en el grupo hasta ahora: por ejemplo, entre personas que están haciendo mascarillas tanto con impresoras 3D como con otros materiales.


Es un verdadero placer ser puente entre distintas personas impulsando tantas iniciativas en distintos ámbitos, haciendo evidente la existencia de una gran solidaridad latente en nuestra sociedad y permitiéndonos ser testigo de cómo florece. 


De hecho, han surgido diferentes iniciativas en Alcorcón como bancos de alimentos, que vosotras mismas habéis apoyado y difundido.


Sí, efectivamente. Muchas de las personas que contactaron con nosotras era para pedir ayuda de una necesidad tan básica como la alimentación. Surgieron varias iniciativas como la promovida por el colectivo Barrio por Barrio o la Despensa Solidaria de Alcorcón, que todas las semanas recoge y reparte alimentos en el Ateneo Popular de Alcorcón.


Por desgracia, es una necesidad básica, que a muchas familias cuesta gran esfuerzo satisfacer, y que este contexto de pandemia ha agravado. En este sentido, es interesante señalar que en Alcorcón ya existían iniciativas de este tipo (como la Red de Solidaridad Popular) que nació para paliar los efectos de la crisis del 2008 y que aún sigue trabajando muy duro. Nos enfrentamos a una nueva crisis y por eso es tan importante todas las manos y una fuerte conciencia solidaria.


¿Alguna anécdota reseñable?


Todo el trabajo y toda y cada una de las asistencias que venimos abarcando hasta el día de hoy son reseñables. Por mencionar una entre tantas, no sé, la donación por parte de los trabajadores del metro de tres tablets a una residencia para que las personas que no disponen de medios propios pudieran hacer videollamadas con sus seres queridos.

Sin embargo, como decía, creo que lo reseñable es la importancia de ser conscientes y estar convencidos de que las personas sí somos solidarias, sí estamos unidas, sí nos afecta, nos incumbe, y nos importa lo que puede estar sucediéndole a otras, los conozcamos o no, y que sí podemos organizarnos para fomentar y finalmente asegurar el bienestar colectivo. 


Entonces, ¿crees que sería importante que esto pudiera continuar más allá del final del estado de alarma?


La continuación desde luego sería un gran logro. Por un lado, porque después del periodo de alarma, pensamos que tardará mucho tiempo en recuperarse la vida normal. Pero más allá de la crisis de COVID-19, pensamos que la autoorganización vecinal tiene un valor enorme. La debilitación gradual de las asociaciones vecinales en los últimos años nos parece que perjudica a la población en general y sobre todo a los barrios populares y ciudades como Alcorcón de la periferia. Para garantizar buenos servicios y recursos en general tener un tejido social fuerte es fundamental. Si de todo esto que está siendo tan duro, saliera cierto repunte de ese tipo de movimiento creemos que sería muy positivo.

martes

La Comunidad de Madrid elimina más de 14.000 plazas en la escuela pública el curso que viene, según CCOO, Sofia Pérez Mendoza, eldiario.es

La Comunidad de Madrid elimina más de 14.000 plazas en la escuela pública el curso que viene, según CCOO 

 

Un informe del sindicato concluye que las supresiones afectan al 25% de los centros educativos analizados en un curso que exigirá menos alumnos por aula 

Madrid mantiene el cierre de las clases con menos alumnos pese a que la epidemia obligará el próximo curso a desdoblar aulas

 

 

Isabel Díaz Ayuso en un colegio. / Comunidad de Madrid
Isabel Díaz Ayuso en un colegio. / Comunidad de Madrid
El Gobierno de Isabel Díaz Ayuso eliminará 14.121 plazas en la escuela pública el curso que viene. 466 aulas de todos los niveles educativos, según un informe de Comisiones Obreras, que ha analizado la situación de 1.096 centros tras la publicación de las plazas disponibles a partir de septiembre. El recorte afecta a 270 de los colegios (158) e institutos (107) estudiados, lo que supone un 25% del total de centros de la Comunidad de Madrid. 
La Consejería de Educación ha organizado el curso escolar 2020-2021 como estaba planificado antes de la epidemia, pese a que la exigencia de distanciamiento va a obligar a reducir las ratios. Por ejemplo, las instrucciones de la propia Consejería para la vuelta de los niños y niñas de 0 a 3 años contemplan la mitad solo de alumnos por aula. 
La supresión de plazas públicas de algunos colegios es una situación que se repite curso tras curso. La Consejería justifica que son ajustes debidos a la oferta y la demanda y que se eliminan en unos sitios y se crean en otros. En esta ocasión, la cartera dirigida por Enrique Ossorio asegura en una nota que los datos aportados por el sindicato son "erróneos" y afirma que habrá más aulas en todas los niveles, pero no aporta datos de cuántas unidades nuevas se abrirán el curso que viene. La Consejería aduce, además, a que en el curso pasado terminaron creándose 17.000 plazas más. Comisiones Obreras considera, sin embargo, que se trata de "recortes" y denuncia que la Comunidad de Madrid ha organizado "el proceso de escolarización al margen de lo que indica la autoridad sanitaria". 
"No se fundamenta en ningún caso. Primero porque las ratios ya son muy altas y hay zonas con mucha demanda de escolarización. Y segundo porque estos recortes impiden abordar la necesidad de bajar el número de alumnos por clase en plena pandemia", explica la secretaria de Educación de CCOO en Madrid, Isabel Galvín, que ve en la Comunidad de Madrid una intención de "derivar de la pública a la concertada". 
Las clases de tres años, la puerta de entrada al sistema educativo, son las más afectadas. Desaparecen 166 respecto a este curso, lo que supone 4.175 plazas menos en Infantil. Le siguen 3.395 puestos escolares menos en Bachillerato, 2.765 en Secundaria y 675 en Primaria. A estas plazas hay que sumarle otras 3.111 más que el sindicato no ha podido concretar en qué nivel están. La zona sur es la más afectada. Caen 148 aulas en 85 centros. En el área de Capital desaparecen 139 unidades en 34 colegios. 
Galvín ha puesto el ejemplo de Rivas, donde se ha eliminado un aula en un colegio público pero se ha creado en otro a 3 kilómetros. "Una oferta no compensa a la otra. Es el modelo regional. Se crea una unidad en una zona pero no solventa los problemas de escolarización del mismo municipio", ha argumentado. 


Listado de centros afectados

DAT CAPITAL: 62 centros
Arganzuela 
CEIP Plácido Domingo (1)
IES Antonio Fraguas Forges (3)
Barajas
IES Alameda de Osuna (3,5)
Carabanchel
CEIP Capitán Cortés (1)
CEIP República de Ecuador (1)
IES Calderón de la Barca (7)
IES Emilio Castelar (2,5)
Centro
CEIP Antonio Moreno Rosales (7)
IES Cervantes (1)
IES San Mateo (4)
IES Santa Teresa de Jesús (2)
IES San Isidro (3)
Chamberí 
IES Joaquín Turina (1)
IES San Isidoro de Sevilla (1)
Ciudad Lineal
CEIP Conde de Romanones (1)
CEIP Miguel Blasco Vilatela (1)
IES San Juan Bautista (1)
IES Francisco de Vitoria (1)
IES Miguel Delibes (2)
Fuencarral
CEIP Luis de Góngora (1)
CEIP Leopoldo Calvo Sotelo (1)
IES Mirasierra (1)
IES Cardenal Herrera Oria (1)
IES Dámaso Alonso (1)
IES San Fernando (2,5)
Hortaleza
IES Arturo Soria (1)
IES Conde Orgaz (4)
La Latina 
CEIP Costa Rica (1)
IES María de Molina (19)
IES Mariano José de Larra (3)
IES Parque Aluche (2)
Moratalaz 
CEIP Conde Arruga (1)
IES Felipe II (1)
Puente de Vallecas
CEIP Concha Espina (1)
CEIP Doctor Espinosa Latour (1)
CEIP Agustina Díez (1)
CEIP Tirso de Molina (0,5)
San Blas 
CEIP El Sol (1)
CEIP La Alameda (1)
CEIP María Moliner (1)
CEIP Mariano José de Larra (1)
CEIP Marqués de Suances (1)
CEIP República de Chile (1)
IES Barrio Simancas (2)
IES Francisco de Quevedo (3,5)
IES Gómez Moreno (1)
IES Las Musas (1)
Tetuán 
IES Jaime Vera (4)
IES Nuestra Señora de la Almudena (4)
Usera 
CEIP Jorge Manrique (1)
CEIP Meseta de Orcasitas (1)
CEIP Puerto Rico (1)
CEIP República de Venezuela (2)
IES Ciudad de Jaén (15)
IES Pedro Salinas (2)
IES Pradolongo (1)
Vicálvaro 
CEIP Carmen Laforet (3)
IES Valdebernardo (2)
Villaverde 
CEIP Antonio de Nebrija (1)
IES Celestino Mutis (1)
IES El Espinillo (0,5)
DAT SUR: 270 centros
DAT ESTE: 61 centros
DAT OESTE: 34 centros
DAT NORTE: 22 centros
Aquí se puede consultar en detalle el nombre de todos los colegios e institutos. 

 

jueves

"¿Quién manda en la privatizada sanidad madrileña?, por Gorka Castillo y Miguel Mora

Reportaje

¿Quién manda en la privatizada sanidad madrileña?

Díaz Ayuso protege a las empresas que hacen negocio con la salud desde que Aguirre desmanteló la pública. Florentino Pérez, el grupo alemán Fresenius y el holandés DIF son los grandes beneficiarios de esa política

Gorka Castillo / Miguel Mora Madrid , 10/05/2020

<p>Isabel Díaz Ayuso y Esperanza Aguirre, por Luis Grañena. </p>
Isabel Díaz Ayuso y Esperanza Aguirre, por Luis Grañena.



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Ahora que los contagios de covid-19 empiezan a remitir, el sistema sanitario contiene el aliento mientras empiezan a flotar los primeros pecios del naufragio. El más palmario es la ingente cantidad de dinero público que la administración madrileña ha desviado desde los primeros gobiernos de Esperanza Aguirre a empresas privadas y UTEs para explotar el inagotable filón de la Sanidad. Se trata de un sector inmune a las punzadas de las crisis: tiene asegurada la clientela, los enfermos; vive de la financiación autonómica, se beneficia de las listas de espera en una sanidad pública desmantelada, y está en constante revalorización gracias a su componente especulativo y a los recortes de material y de las condiciones laborales. La rentabilidad siempre está garantizada para unas corporaciones que pueden optar por un menú a la carta: construir hospitales, gestionar hospitales o solo servicios exteriores, y vender o revender activos, a menudo sin pagar impuestos en España. 

Aunque la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, exhibe a los cuatro vientos las donaciones altruistas y las respuestas ultrarrápidas a la emergencia y el compromiso social de algunas de estas empresas, para expertos como Marciano Sánchez Bayle, pediatra durante 46 años y portavoz de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, el deterioro que ha sufrido el sistema público de salud con las privatizaciones es incuestionable: “Madrid es la única comunidad del mundo que después de abrir once hospitales tiene menos camas disponibles por habitante que antes de su inauguración. Ayuso lo sabe y la prueba es que, en el momento álgido de la epidemia, el ejército tuvo que abrir una instalación muy precaria, sin UCIs, en una feria de exposiciones”.
Desde la puesta en funcionamiento de la privatización sanitaria en 2001 se han perdido más de 3.000 camas
Los datos son irrebatibles. Madrid es la comunidad peor preparada de España para enfrentarse a una crisis sanitaria. Por número de camas totales –2,7 por cada mil habitantes frente las 3,7 que tiene Aragón o las 5 que presenta la media europea– y por el número de personal sanitario, 3.000 trabajadores menos desde 2010. Destaca la reducción de camas registrada por los hospitales públicos desde la puesta en funcionamiento de la privatización sanitaria en 2001: más de 3.000, pese al aumento demográfico experimentado con la inmigración.




martes

"La muerte de Billy el Niño y un Estado que protege a criminales franquistas", por Jacinto Lara


Reparación y justicia

La muerte de Billy el Niño y un Estado que protege a criminales franquistas

La defunción de Antonio González Pacheco extingue su responsabilidad criminal, la de un canalla, pero no así la de otros miembros de la Brigada Político-Social que también torturaron
Jacinto Lara Bonilla 8/05/2020

<p>Antonio González Pacheco, saliendo de la Audiencia Nacional.</p>
Antonio González Pacheco, saliendo de la Audiencia Nacional.
La sexta


Este jueves 7 de mayo tuvimos conocimiento del fallecimiento de Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño.

Antonio González Pacheco formó parte de la temida Brigada Político-Social, la policía política franquista, que actuaba en todo el territorio del Estado reprimiendo dura y brutalmente cualquier atisbo de oposición al régimen dictatorial. 


Fueron miles de personas las que, tras ser detenidas, pasaron por las dependencias siniestras de la Brigada Político-Social y sometidas a salvajes torturas. Y esas torturas, en las que tan activamente participó González Pacheco, no eran casos aislados. Eran una práctica sistemática a la que se sometía a la inmensa mayoría de detenidos. Es importante destacar este aspecto, porque el empleo de torturas de forma sistemática o generalizada contra la población civil es lo que confiere un plus de gravedad al propio delito y por ello puede y debe ser tipificado como crimen internacional, como crimen contra la humanidad.
Fueron miles de personas las que, tras ser detenidas, pasaron por las dependencias siniestras de la Brigada Político-Social y sometidas a salvajes torturas. No eran casos aislados
Al calificarse el delito como crimen contra la humanidad, este no prescribe ni puede ser objeto de amnistía alguna, conforme a la normativa internacional tanto de carácter convencional como consuetudinaria. El Estado español está obligado a respetar y aplicar esa normativa al haber suscrito y ratificado multitud de convenios y tratados internacionales en la materia. Estos forman parte de nuestro ordenamiento jurídico interno conforme a lo dispuesto, entre otras disposiciones, en los artículos 96 y 10.2 de la Constitución española. Así se le ha venido exigiendo reiteradamente desde el Consejo de Europa y desde el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, entre otras instancias internacionales.


Y a pesar de ello, ¿por qué el Estado español se niega a investigar y enjuiciar los crímenes internacionales que  se cometieron durante la dictadura franquista? La respuesta es sencilla: por razones estrictamente políticas, que no jurídicas. Esto es, nos encontramos ante un Estado democrático y de derecho que no aplica el ordenamiento jurídico que está obligado a aplicar, manteniendo así políticas de impunidad que afectan a la sociedad en su conjunto y cuyos resultados se extienden hasta el día de hoy.


En marzo de 2018 el Congreso de los Diputados, gracias los votos de los grupos parlamentarios de PSOE, Ciudadanos y Partido Popular, rechazó, una vez más, modificar la Ley de Amnistía –ni siquiera se planteó su derogación–. Dicha modificación tenía por objeto introducir una  disposición que estableciera de forma clara y rotunda que dicho texto legal no podía impedir la investigación y el enjuiciamiento de las graves violaciones de derechos humanos que se cometieron durante la dictadura franquista.





En el caso de Antonio González Pacheco, como era habitual, fue condecorado y premiado por el Estado español durante la dictadura, la transición política y durante la democracia. Se le promocionó, premió y protegió.


Pero Antonio González Pacheco estaba imputado en la denominada querella argentina por delitos de torturas en un contexto de crímenes contra la humanidad.

Las autoridades judiciales argentinas pidieron su extradición y la Audiencia Nacional española rechazó en 2014 dicho pedido al considerar que los delitos de torturas que se le imputaban habían prescrito. Conviene recordar que la Fiscalía, que también se opuso a la extradición de  Antonio González Pacheco, poco menos que de forma balbuceante sugirió que debía ser juzgado por los tribunales españoles en aquella vista extradicional en la que se prohibió grabar imagen alguna de Billy el Niño. También se le protegía hasta ese extremo.


Hasta la fecha y desde junio de 2017, se han presentado  en los tribunales españoles dieciocho querellas criminales por torturas en un contexto de crímenes contra la humanidad contra Antonio González Pacheco y otros miembros de la Brigada Política Social. La totalidad de las querellas han sido rechazadas, han sido archivadas por los juzgados de instrucción. En dichas causas la Fiscalía se ha opuesto a que dichas querellas  fueran admitidas a trámite, a que se investigaran los delitos. Contra dichas  resoluciones judiciales se han interpuesto los correspondientes recursos al objeto de agotar la vía judicial interna y que los querellantes puedan acudir a instancias  internacionales denunciando, una vez más, la actuación tan sumamente vergonzosa que el Estado español mantiene en relación con esta cuestión. 


La muerte de Antonio González Pacheco pone de manifiesto, aún más si cabe, que las políticas de Estado articuladas para garantizar la impunidad de los criminales, de los victimarios, pueden resultar efectivas cuando además se conjugan con el elemento temporal. 

Pero que no se confíen. El movimiento social que reclama justicia en este ámbito es más potente y  activo cada día que pasa, y seguirá demandando con fuerza que el Estado deje de amparar y proteger a criminales franquistas. Una vez más, por lo dicho anteriormente, nos encontramos con una realidad judicial y política que no está siquiera mínimamente en consonancia con una realidad social cada día más extendida.


La muerte de Antonio González Pacheco extingue su responsabilidad criminal, la responsabilidad criminal de un canalla, pero no así la de otros miembros de la Brigada Político-Social que también participaron en los crímenes de tortura denunciados. Así que seguimos, continuamos y no vamos a parar hasta que obtengamos, aún de forma extemporánea, una respuesta adecuada a los reclamos de justicia.
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Jacinto Lara Bonilla es abogado de la Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina (CeAQUA).

 

"Sociología (breve) del estado de alarma", por Emmanuel Rodríguez



Covid y clase media

Sociología (breve) del estado de alarma

En la sociedad española hay un grupo especial que impone algo así como un miedo ‘dominante’, un miedo más legítimo que los otros, el miedo de los ‘instalados’, un colectivo que ha disfrutado de una biografía ‘más próspera’
Emmanuel Rodríguez 8/05/2020

<p>Control policial durante el confinamiento.</p>
Control policial durante el confinamiento.



Toda sociología de la crisis es una sociología del miedo: concretamente de aquellos con capacidad de imponer sus miedos sobre los del resto de la sociedad. El miedo es un afecto particular, explosivo. Su traducción política va desde las proyecciones fantasmáticas sobre el chivo expiatorio que refuerzan la autoridad en la comunidad, hasta la potencia que supera el temor a través de un proyecto colectivo y, con este, de un análisis más o menos racional. 


En el caso español, aún hoy en día, cuando se discute teatralmente sobre la necesidad del estado de alarma, cabe hacer algunas consideraciones sobre miedo y confinamiento. Para ello conviene recordar en qué estábamos hace tan solo ocho semanas. Ha existido (y existe) un miedo evidente a la enfermedad, a figurar entre los tocados y quizás entre los muertos. Pero ese miedo es diferencial: puede ser sobre uno mismo, pueden preocuparnos solo los mayores cercanos, o incluso podemos sentir algo de la fragilidad de esa humanidad que deambula de una crisis a otra. También el miedo es diferente cuando quien lo experimenta es al repartidor que apura estos días para mantener su empleo o el anciano de una residencia consciente de lo que significa la enfermedad para las personas de su edad y alojadas en un lugar como ese.
Con el confinamiento más duro de Europa occidental, la sociedad española ha sido unánime respecto a la necesidad del encierro. Ninguna discusión, ninguna salida de tono 
Por decirlo brevemente, en la sociedad española, en la sociedad europea, hay un grupo especial que impone algo así como un miedo “dominante”, un miedo más legítimo que los otros. Su legitimidad, no se debe tanto a que sea un sector de riesgo de la enfermedad (aunque por edad pueda serlo), cuanto a que es seguramente el colectivo con mayor poder dentro esa sociedad. Si se permite la generalización, la primera definición de ese segmento es generacional y se refiere, en España, a los “instalados”, un segmento social de edad imprecisa pero bien reconocible en todas partes. 


La importancia de ese grupo social apenas se puede esconder. Ningún otro colectivo ha disfrutado de una biografía “más próspera”, en la que las expectativas y las oportunidades hayan ido tan bien de la mano. Los miembros de este grupo viven mejor que sus padres y han vivido mejor que sus nietos. Entraron en el mercado laboral en plena expansión del empleo profesional y del empleo público, tras la primera gran ola “democratizadora” de la educación superior. Ocuparon posiciones de “responsabilidad” temprano. Profesores, médicos, periodistas, abogados que con poco más de treinta años, alcanzaron lo que a día de hoy no se obtiene (si se obtiene) a los cincuenta: ser altos funcionarios, directores de periódicos y, hasta hace nada, políticos profesionales.

Se habla aquí, obvio, solo de un segmento social, no de una generación propiamente dicha. La generación “instalada” se refiere solo a las llamadas “clases medias”, a los verdaderamente posicionados. Entre los “instalados” la norma fue el empleo garantizado y con derechos. Cabe decir que a los instalados apenas les importó que se perdieran derechos sociales y laborales, siempre que no fueran los suyos y siempre que los que se perdieran fueran los de quienes venían detrás. Los “instalados” se han jubilado también antes que sus padres, y desde luego antes de lo que lo harán sus hijos. Sus pensiones no son las del mileurista. 

Accedieron a la propiedad inmobiliaria temprano y jugaron con ella en los dos grandes ciclos de crecimiento (siempre por la vía del ladrillo) de la democracia española: de 1985 hasta los fastos del 92, y de 1995 hasta la gran depresión de 2007. Todavía, este grupo social compone el pilar de la sociedad española: sostienen en parte a sus vástagos, mantienen importantes posiciones patrimoniales (no hay rango de edad con mayor número de rentistas que aquellos entre 60 y 75 años) y, sin duda, han sido hasta hace poco (seguramente hasta 2011), el centro de la política española, de la opinión pública y de todos los sistemas de poder y representación.



Para esa generación de clase media, que es la generación del progreso, la covid ha sido algo más que un mazazo. Sin experiencia de la guerra civil, con el único “trauma” de la salida del franquismo a la democracia (por otra parte feliz) el coronavirus tiene la forma de una amenaza real y mortífera. Es la prueba de su fragilidad, no solo biológica, sino también social: la señal de que un mundo (su mundo) ha tocado a su fin, aun cuando este llevara décadas desmoronándose y aunque en términos generales esta generación apenas se diera cuenta. 

Si se aceptan estas premisas, se puede aventurar una hipótesis: el miedo (o mejor sus miedos, pues son varios y contradictorios) ha sido el gran elemento de la gestión de esta crisis. En el miedo de la generación alfa de la sociedad española están contenidas muchas de las singularidades de la gestión sanitaria española. La primera: el consenso. Con el confinamiento más duro de Europa occidental, la sociedad española ha sido unánime respecto a la necesidad del encierro. Ninguna discusión, ninguna salida de tono a este respecto, al menos durante las primeras seis semanas. 


Un apunte en este sentido. En la primera gestión de la crisis sanitaria, el gobierno tuvo un protagonismo nulo, prácticamente marginal. Fue un estado de opinión creciente, una ola en ascenso, lo que exigió e impuso el encierro. Lo exigió como ley marcial, con independencia de su utilidad real, con independencia de sus consecuencias económicas, que no serán pocas. Lo exigió sobre un criterio de eficacia probado en China, sin posibilidad de revisión o discusión posible. Y lo aplicó como se aplican esos consensos sociales generalizados: por medio de los policías de balcón, de los aplausos a la violencias policiales, de la anulación de toda discusión, de la aquiescencia al casi millón de multas ya emitidas. Si el gobierno en sus primeros momentos actuó por medio de la autoridad médica y la autoridad policial es porque sabía de su debilidad y porque entendió que esta era la única autoridad legítima, la única que se quería reconocer. De acuerdo con los guardianes del capitalismo de vigilancia, Google y Apple, a partir del big data de nuestros dispositivos móviles, la sociedad española ha figurado entre las más cumplidoras de su confinamiento.

Otro apunte sobre los rasgos característicos del confinamiento español, y que muestra también las escalas y las jerarquías del miedo. El encierro español ha sido el más severo de Europa, pero con particularidades: niños no, perros sí; farmacias y bancos sí, paseos no. Se podrá decir que la situación lo exigía, que la epidemia ha golpeado aquí más que en cualquier otro sitio, y que debía primar la prudencia, pero sin duda lo que ha primado ha sido la ley de una población envejecida y temerosa. Apenas se puede discutir acerca de la necesidad del distanciamiento social en una situación como esta, pero ni mucho menos el “distanciamiento social” es sinónimo de confinamiento y, obviamente, sinónimo del confinamiento español. 

Otra singularidad española, también europea: la centralidad del gobierno, la vuelta al Estado protector, la vieja ficción recurrente. Pocas veces se ha deseado creer en el menos evidente de los axiomas ideológicos del Estado que la “función del gobierno es la proteger a su población”, sobre todo y especialmente de aquel segmento de población legítimo: la clase media, la generación de los instalados. También pocas veces se ha discutido con tanto ardor sobre si el gobierno ha fallado en sus labores de protección, si incluso se ha convertido en un “gobierno criminal”. Conviene recordar, como siempre, que basta un vistazo a las vallas de Ceuta y Melilla para reconocer la naturaleza criminal del Estado. En cualquier caso, el gobierno ha sido convertido en el responsable absoluto: objeto de ataque o defensa, según la lógica simplista de izquierda y derecha.  

Otra elemento pertinente. Frente a la pandemia no había nada preparado y, dadas la reacciones en los sistemas sanitarios autonómicos, no lo habría habido fuera cual fuera el color del gobierno. 

Quienes han salvado la situación no ha sido ni el gobierno central ni los gobiernos autonómicos: han sido una multitud de trabajadores del sector sanitario y de cuidados, la mayoría mal pagados y precarizados, que han tratado de salvar la crisis sanitaria como han podido, y que lo han hecho por vocación o por servicio público. Seamos claros: estos trabajadores han actuado a pesar del gobierno, pero también a pesar de esa misma sociedad (hecha sinónimo del sector instalado) que lleva ciega a su situación desde hace décadas; y que considerando su capacidad de análisis lo seguirá siendo... allá se hunda el servicio público de salud. 

El gobierno ha sido convertido en el responsable absoluto: objeto de ataque o defensa, según la lógica simplista de izquierda y derecha
El miedo es un elemento de bloqueo de cualquier pregunta con un mínimo de sentido. Aquí van algunas: ¿por qué en toda Europa, y concretamente en España, no había previsión alguna respecto de esta pandemia o frente a la posibilidad repetidamente anunciada de otra pandemia: por qué se actuó unánimemente como si el virus fuera “chino”, qué clase de recuerdo imperial hace que estas sociedades no consigan toparse con su realidad de región de segunda en este mundo globalizado? ¿Por qué, no sólo en España sino en casi todos los países europeos, las residencias de ancianos (que no son las de la generación instalada, sino las de sus inmediatos mayores) convertidas en negocio privado, subcontratadas a media docena de fondos de inversión, que apenas gastan en mantenimiento y desde luego no en cuidadores y enfermeras, se han convertido en ratoneras, en verdaderas morgues de aquellos más débiles, no solo por edad, sino por razones económicas? ¿Por qué un sistema sanitario que presumía de estar entre los cinco primeros del mundo ha caído como un castillo de naipes; por qué además el desastre es mayor en Cataluña y Madrid, los dos regiones en las que la sanidad opera como un  “mercado sanitario”, en beneficio de empresas privadas que gestionan buena parte del sistema público, y en las que obviamente han faltado camas, UCIs, personal? ¿Por qué Europa ha carecido de todo, suministros, EPIs, reactivos, etc., teniéndolas que importar masivamente justamente de aquel lugar objeto de la ira: China? ¿Cómo es que Madrid, Nueva York, Milán, París, Londres, Bruselas, Barcelona han sido las ciudades más golpeadas del mundo: quizás tenga algo que ver con que todas ellas sean destinos de primer orden, dispongan de grandes aeropuertos y tengan una creciente vocación turística? ¿Qué tipo de crisis ha destapado la covid: es esta la del desgaste de los sistema públicos, de unas sociedades endeudadas y proletarizadas, que escapan cada vez más al registro de esas clases medias garantizadas? 

¿Qué será de la Unión Europea, el único ámbito de gobierno económico real, y de su reparto de la deuda y el gasto público entre los países del norte y del sur: cómo van a transmitir las facturas de la crisis a la poblaciones y de qué modo van a saltar los malos parches de este “gobierno de progreso”? ¿Ha sido realmente eficaz el confinamiento total; cabían otras formas menos severas de distanciamiento social y con consecuencias económicas algo menores? ¿Cuántos nuevos Sars-Cov-2 nos esperan, considerando las tres docenas de zoonosis conocidas en las últimas tres décadas, por solo citar algunas: Nipah, Ébola Reston, hepatitis E, fiebre Q y toda la amenazante variedad de virus de la gripe que baila entre los humanos y el ganado que engorda en la masiva industria cárnica: H1N1 (gripe aviar), H1N2v, H3N2v, H5N1, H5N2, H5Nx, H6N1, H7N1, H7N3, H7N7, H7N9...?

Sin duda la covid nos habla del fin de un mundo, de un mundo de certezas y seguridades. Nos devuelve, a pesar de las promesas de una vacuna temprana, al mismo lecho de la historia, donde las catástrofes se reparten “democráticamente” entre casi todas las generaciones. Pero el espejismo de que estas certezas se puedan reconstruir en una sociedad en la que se acumulan las crisis, es seguramente la peor de las aspiraciones políticas. El miedo, especialmente el miedo de los instalados que temen por primera vez, no debería gobernarnos. No debería hacerlo ni un minuto más.

Emmanuel Rodríguez

Emmanuel Rodríguez es historiador, sociólogo y ensayista. Es editor de Traficantes de Sueños y miembro de la Fundación de los Comunes. Su último libro es '¿Por qué fracasó la democracia en España? La Transición y el régimen de 1978'. Es firmante del primer manifiesto de La Bancada.