jueves

Bankia: beneficios para unos pocos, pérdidas para todos

El agujero de Bankia en cinco cifras que se entienden
Ignacio Escolar


9 de mayo de 2012

7.000 millones de euros. Es lo que el Gobierno calcula que tendrá que prestar a Bankia para empezar a hablar. No está claro si hará falta más dinero y tampoco que vayamos a cobrar. Tampoco es el primer cheque: el Estado ya había prestado antes otros 4.465 millones, hace dos años. En total, son 11.465 millones: más que todo el hachazo en educación y sanidad (10.000 millones), casi seis veces más que los recortes en Ciencia e I+D (2.000 millones), tres veces lo que se ahorró con la bajada de sueldos de los funcionarios (4.000 millones) o más de siete veces lo que se recortó al congelar las pensiones (1.500 millones).

12.992 millones de euros. Es lo que se supone que valía Bankia según su propia contabilidad, su valor en libros hace algo menos de un año. Para la salida a bolsa, el 20 de julio de 2011, se ofreció un descuento del 60% sobre esta cantidad para motivar a inversores a entrar en este pastel. Ni aún así: desde que cotiza, el valor de Bankia (el de la bolsa, no el de los libros) se ha reducido un 38% más.

4.600 millones de euros. Es lo que hoy vale Bankia, según su capitalización bursátil de ayer. Es decir: los mercados valoran a esta entidad financiera en un tercio de lo que el Estado tendrá que poner para reflotarla a ella y a su matriz, el BFA, que es una especie de banco malo donde el genio financiero de Rodrigo Rato dejó toda la basura del ladrillo para ver si así podía aguantar. Es obvio que el dinero público prestado difícilmente va a volver.

2,34 millones de euros. Es lo que cobró Rodrigo Rato el año pasado (más el variable) por su excelente gestión. Equivale a 260 salarios mínimos interprofesionales. Es decir, un trabajador que cobre el SMI tardaría dos siglos y seis décadas en ganar lo que Rato se levantó en 2011.

1,2 millones de euros. Es la indemnización máxima a la que tiene derecho Rodrigo Rato por su amable dimisión. En realidad, poco dinero: su sustituto como presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, se llevó 68,7 millones de euros tras jubilarse con 55 años del BBVA. Para que un empleado con el SMI pudiese cobrar una cantidad así, necesitaría 7.600 años de trabajo.

Ignacio Escolar
Escolar.net, 08/05/2012.


El “buque insignia” de la “clonación” de las cajas en bancos, hace agua y su capitán abandona el barco

Rory Great || Periodista.
Parece que fue de ayer mismo pero la historia se remonta a 2010. Una historia que, como tantas otras, refleja los distintos planteamientos de la izquierda transformadora, cuyo objetivo es la superación del capitalismo y la construcción de una sociedad más justa y solidaria, y de la seudoizquierda reformista  cuya vocación no es otra que gestionar el capitalismo.
9_bankiaroryf Los presidentes de las siete cajas constituyentes de Bankia el día de su presentación en sociedad. ©Bankia
Prácticamente, las propuestas de las dos fuerzas políticas se lanzaban simultáneamente a la sociedad española. De un lado, IU presentaba en el Congreso de los Diputados una proposición no de ley en la que se proponía la nacionalización de todas las Cajas de Ahorro y la creación de una potente banca pública, que permitiera la fluidez de los créditos a familias y pymes y evitara la caída en el abismo en que se encuentra la economía de nuestro país. Privatizado por Aznar, en la década de los noventa, el grupo “Argentaria”, IU proponía la creación de un nuevo polo de banca pública a partir de las cajas, cuyas señas de identidad se correspondían con una aceptable función social – muy desdibujada en los últimos tiempos –  y que  antaño habían gozado de una sólida cuenta de resultados, desde hace años depauperada por una desastrosa fascinación por el espejismo inmobiliario.

De otro, el Gobierno del PSOE, presidido por Rodríguez Zapatero, diseñaba la reorganización del sector de Cajas de Ahorro mediante  un plan hecho a medida de los intereses de la gran banca española y, a través del cual, las “clonaba” en bancos; naturalmente, en bancos privados. Bendecido por la cúpula de la banca privada, con Emilio Botín fundido en un auténtico “abrazo del oso” con Rodríguez Zapatero, el plan constituía una manifestación más de su “abducción” complaciente por el neoliberalismo, en cuyo marco conceptual y práctico inscribiría después su política de congelaciones salariales y recortes sociales.

La entonces vicepresidenta del Gobierno socialista, Elena Salgado, lo anunciaba con total desparpajo: “las cajas tendrán que convertirse en bancos… o ser nacionalizadas”. Un recordatorio para nuestros lectores: con el mismo desparpajo y sin sombra alguna de vacilación ética, pocos  meses después de dejar de ser vicepresidenta, por “imperativo electoral”, Elena Salgado aceptaba el cargo de consejera de la concesionaria Abertis y de  la eléctrica Endesa, la potente compañía del INI gestionada durante muchos años con rigor por el mallorquín Feliciano Fuster y vendida a una empresa pública italiana por Aznar, que también ostenta un puesto en su Consejo de Administración.


Un complejo proceso de concentración y segregación de activos
“Bankia” nació en el marco del Real Decreto 9/2009 o “ley del FROB”, concebido para impulsar la concentración de las cajas de ahorro y su conversión en bancos y su gestación se desarrolló en un complejo y alambicado proceso jurídico legal de concentración primero y segregación después de activos y pasivos. Comenzó en junio de 2010 con la aprobación del protocolo de integración en el llamado “Sistema Institucional de Protección” (SIP) de dos cajas de gran tamaño, Caja Madrid y Bancaja, y otras cinco de menor posicionamiento: La Caja de Canarias, Caixa Laietana, Caja de La Rioja, Caja Ávila y Caja Segovia. Meses después, en noviembre de ese mismo año, se constituyó el Banco Financiero y de Ahorros (BFA), al que, en enero de 2011, las cajas transfirieron sus activos y pasivos.
Y en abril de 2011, el BFA segregó, aguas abajo,  a su marca “Bankia” los activos bancarios y financieros recibidos de las cajas. Todos menos los inmobiliarios, que quedaron en el BFA, que, desde entonces, operó como sociedad matriz de “Bankia”, y que estuvo caracterizado ya, desde su misma constitución, como un “banco malo” que tendría el triste privilegio de liderar la lista de entidades financieras españolas más expuestas al sector del ladrillo.

Y al frente de esta nueva sociedad, se colocó a Rodrigo Rato, el supuesto superhéroe de la política económica de José María Aznar que, en su etapa de vicepresidente del Gobierno, no hizo otra cosa que sacar provecho del ciclo al alza de la economía española; una cresta de la ola alcista que dejaba atrás la crisis que, en los noventa,  golpeó  de lleno a nuestros indicadores macroeconómicos y a la última etapa del Gobierno de Felipe González, fuertemente “touché”, además, por los casos de corrupción, el “caso Roldán”, a la cabeza de todos ellos, y por los procesos judiciales originados por el ejercicio de una macabra política de “terrorismo de Estado” a través de los GAL…

En el momento de su constitución, la cúspide de “Bankia” alardeó  de contar con unos activos totales de 272.000 millones de euros, un valor patrimonial de 12.000 millones y un volumen de negocio que superaba los 485.900 millones de euros. Se había situado como primer grupo financiero español por negocio doméstico, es decir, por obtener sus ingresos en España, y el cuarto en el “ranking” por valor en bolsa, con una capitalización de unos 4.300 millones de euros. Armado con estos atributos empresariales, iba a ser el paradigma del plan zapaterista concebido para las cajas de ahorro.

Pero desde el comienzo, necesitó las muletas de los fondos públicos para echarse a andar. En 2010,  el BFA, recibió ya unas ayudas públicas aprobadas por el Gobierno de Rodríguez Zapatero de 4.465 millones de euros. Con ese antecedente del Gobierno socialista, el PP no ha tenido más que seguir sus huellas para continuar, con prisa pero sin pausa, la puesta en marcha de toda una amplia batería de recetas del neoliberalismo del más rancio estilo. De ahí se deriva que, ahora, el Gobierno de Rajoy pretenda hacer una nueva inyección de fondos públicos por una cuantía que oscila entre los 7.000 y los 10.000 millones de euros, “para cubrir su riesgo inmobiliario”. Lo realizará, tras decidirlo, probablemente, este próximo “viernes negro”, a través del FROB, el “Fondo de Reestructuración Ordenada”. BFA y la misma Bankia recibirán tales fondos en forma de crédito con una tasa de interés anual situada en el 8%. Y los principales analistas consideran con realismo que tales fondos e intereses resultarán de imposible devolución y pago.

Porque, Zapatero y Rajoy proponen…y la realidad dispone. El andamiaje de la operación se está viniendo abajo. Desde que sus acciones saltaron al “parqué” hace tan sólo diez meses, “Bankia” ha perdido un 36% de su valor, exactamente, 1.400 millones de euros. La razón se encuentra en la vulnerabilidad de su balance. El invento de Zapatero y Rajoy es propietario de la quinta parte de los activos inmobiliarios, por valor de 31.798 millones de euros, el 17,2% del total del sector financiero español, que totaliza los 184.000 millones de euros.

Y, como los números cantan, los 350.000 accionistas de “Bankia” y la sociedad española en su conjunto percibe con claridad el fiasco y fracaso estrepitoso de los planes del PSOE y del PP para las Cajas de Ahorro. ”Bankia”, que pretendió ser “el buque insignia” de la “clonación” de las cajas en bancos privados, está haciendo agua. Y su capitán, Rodrigo Rato, ha sido el primero en abandonar el barco. No obstante, no pasará a engrosar la cifra de los desempleados sin ingresos. En 2011 cobró un sueldo total de 2,34 millones de euros. Y, aunque con arreglo a lo establecido en el Real Decreto de la reforma financiera para las entidades que hayan recibido ayudas públicas, su sueldo anual no podrá superar en 2012 los 600.000 euros, recibirá una indemnización de dos anualidades de esa cuantía… Como para indignarse.

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